Bravuconadas a la Romana: César y los Piratas.

Busto de César

Que los romanos eran vanidosos y prepotentes es algo que salta a la vista; los conquistadores del mundo mediterráneo no se amilanaban ante nada, y eso se traducía en comportamientos que solo podemos clasificar como “Bravuconadas a la Romana”. Aunque puede que esta sección fue iniciada con el artículo sobre Horatio Cocles (aquí) lo cierto es que, ese caso estaba un poco más en el mito que en la realidad, así que empezaremos con la bravuconada que se marcó el famoso Julio César cuando fue capturado en un viaje de estudios por unos piratas. Pero pongámonos en contexto; un joven Julio César, pese a tener un brillante futuro en Roma que ya estaba dando frutos, decide trasladarse a la ciudad de Rodas para ampliar sus conocimientos de Retórica y Filosofía con Apolonio Molón. Este tipo de Erasmus a la antigua eran comunes en los ricos romanos, aunque no todos los estudiantes aprovechaban de la misma manera el viaje, como pasa actualmente. Muchos de los grandes oradores viajaron a Grecia – principalmente – para estudiar con los maestros de la retórica, sobre todo antes de que fueran estos quienes viajaban a Roma para impartir las clases. Desgraciadamente para nuestro protagonista, Julio César, durante el trayecto fue interceptado por
piratas que infectaban las aguas del Mediterráneo durante la Antigüedad.

La piratería era una actividad económica muy común y, en ocasiones, incentivada por los propios estados que se beneficiaban del botín obtenido. La dinámica era sencilla, se asaltaba el barco, se apropiaban del cargamento y tomaban como rehenes a las personas importantes que viajasen en el navío asaltado por los cuales pedían luego altos rescates – dependiendo del rango del desamparado rehén-. A Julio César lo capturan cerca de la islas de Farmacusas, cerca de Salamina. En un principio los piratas, atendiendo al origen familiar del rehén, una familia noble pero no de las más importantes de Roma, decidieron tasar el rescate en 20 talentos de oro, unos 26 kilos de oro. Ante este precio, Julio César, sintiéndose insultado por tan “pequeño” precio, los retó a subirlo. Es de imaginar la cara de asombro de los piratas ante la muestra de chulería de su nuevo prisionero. Ante la insistencia, y posiblemente llevados por la codicia, los piratas aceptaron el reto y subieron el precio del rescate a 50 talentos, unos 65 kilos. Durante la espera del rescate, y consciente que el motivo de su viaje era de estudios y para aprovechar el tiempo Julio César se dedicó a practicar con la oratoria y escribió discursos, utilizando a sus propios captores como público. Es de destacar esta relación entre rehén y piratas que responden a las reglas fundamentales de la hospitalidad. Según nos cuentan las fuentes, Julio César incluso llegaba a desdeñar a sus captores, tratándolos como ignorantes y bárbaros. Finalmente el rescate fue entregado, y César fue liberado como estaba acordado, pero antes les hizo saber a los piratas que les aguardaba un negro porvenir y que él mismo se encargaría de darle un castigo. Es de imaginar las risas de los piratas ante la amenaza; ¿quien se creería ese jovenzuelo que era?

Pues ese jovenzuelo era un personaje bastante tenaz, y no se tomó mucho descanso después de ser liberado. Nada más llegar a Mileto, organizó una flota y puso rumbo al escondite de los piratas. Allí los capturó, junto al botín, y los puso a disposición del gobernador de Pérgamo, el cual no estaba demasiado interesado en los prisioneros, y relegó sus destinos al propio César, que los condenó a la crucifixión. Como gesto de agradecimiento por el trato recibido durante su cautiverio, el bueno de César mandó degollarlos antes de colgarlos en sus cruces. ¡Qué agradecido este César!

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7 Comments

on “Bravuconadas a la Romana: César y los Piratas.
7 Comments on “Bravuconadas a la Romana: César y los Piratas.
  1. Muy interesante pero siquiera por respeto cita “las fuentes” que no son otras que la novela Valentia de Gabriel Castelló Alonso. Decir también que la piratería Cilicia difiere bastante de lo descrito pues era en sí misma un estado. Importante también decir que gracias a la lección el jefe de los piratas y futuro rey del Ponto respetó mucho a César en años venideros (Bomílcar, si no erro) y por último que no fué el gobernador falto de interés… La ausencia de autoridad le permitió a César como ciudadano y en ejecución de la “uindicatio rei” degollarlos uno a uno antes de izarlos en la cruz como muestra de gratitud por haberse portadobien con él.

    Hay que decir en disculpa del autor – Gabriel Castelló que los pocos que recogen el suceso lo hacen más que como anécdota (Nepote, Herenio y algun otro) y al ser biografías postumas y oficiales…

    • Hola Stilico

      como
      puedes comprobar en otros posts de este blog, rara vez mencionamos las fuentes ya que hemos estimado dirigir la información a un público general y nos parece que meternos con fuentes y estudios pormenorizados de todos los aspectos reflejados en las mismas puede suponer una lectura un tanto tediosa. Sobre la fuente que mencionas, la verdad es que no la hemos seguido, nosotros solemos tirar más hacia las fuentes clásicas, aunque si es cierto que la idea la obtuvimos de las novelas de Collen McCullough sobre el fin de la República (una saga que desde aquí hemos recomendado varias veces).
      Por otra parte, el uso de la figura del derecho romano de la “uindicatio rei” representaría toda la acción de César; amparado en ese marco legal romano, un ciudadano podía iniciar una acción personal punitiva contra aquel o aquellos que le habían perjudicado. Por lo tanto, el degollarlos solo fue una acción más dentro del marco establecido por la “uindicatio rei”, una figura que no está más decir, era aconsejable acompañar con el beneplácito del poder público responsable del lugar (en este caso, el gobernador de la provincia). Así mismo, recordamos que esta figura que remarcas pertenece al derecho romano privado, lo cual habla a las claras del vacío legal existente en la materia, y el desinterés del gobernador de Pérgamo de meterse en una guerra contra los molestos piratas y más por la cabezoneria de un joven patricio. Por lo tanto, en aplicación de lo dicho anteriormente, informado de la acción prevista por César, el gobernador apoyó la aplicación del derecho a cambio de parte del botín.
      En cuanto a la importancia de los “estados-piratas”, como otros elementos está mencionado aunque de forma un poco leve, para, como hemos dicho antes, no pormenorizar en demasía la información y volver el texto tedioso. Es cierto que muchos estados se basaban en la actividad de la piratería, pero aquí podíamos iniciar un debate sobre el concepto de Estado, y no creemos que sea necesario.
      Esperamos que entiendas nuestros motivos para limitar en cierta forma la información de nuestros posts; a la vez y para terminar a todas aquellas personas que nos han preguntado sobre nuestras fuentes, no hemos dudado en proporcionarlas e incluso iniciar conversaciones con ellas sobre el tema tratado en la cual, según creemos, hemos aprendido todas las partes.

      Gracias por comentar y leernos. Un saludo.
      La RomaPedia

      PD: A modo de anécdota, comentar que todo el respero ganado por César con esta acción, lo perdió en su extraña visita a Nicomedia, pero eso es harina de otro costal.

  2. Pingback: La RomaPedia | Bravuconadas a la Romana: Popilio Laenas y Antioco IV

  3. Hay algo de esta historia que no entiendo.

    Si vosotros mismos indicáis que los viajes a estudiar retórica y filosofía se hacian por parte de los ricos romanos y en la parte del rescate habláis de que Julio César pese a ser de una antigüa familia patricia romana no era muy pudiente, cómo es que se pudo permitir este viaje y cómo los piratas consiguen cobrar el gran rescate que el órdago de su rehen les había obligado a pedir.

    Es más en la respuesta que le daís a Stilico le indicáis que habéis seguido la septilogía sobre el final de la república de Collen McCullough, libros en los cuales se cuenta cómo Julio César nace en una ínsula en la Subura ya que sus padres no tenían dinero para una domus y las campañas como tribuno de su padre no le proporcionaron a la familia grandes tesoros. Eso me lleva a la pregunta anterior de cómo consiguieron pagarle el viaje y el rescate

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