Bravuconadas a la romana: Trajano y Armenia

La relación entre Roma y el Imperio Parto es de esos temas que han hecho correr ríos de tinta a lo largo de muchos años. Una relación que, pese a compartir frontera, se basaba en un trajanotercer país cuya independencia no era más que un sueño: Armenia. Tradicionalmente ambos imperios habían querido adueñarse de este trozo de tierra, rico y montañoso, pero lo que suponía su conquista en cuanto problemas con el poderoso vecino era motivo poderoso para dejarse las armas en casa. Así lo pensó Nerón cuando pactó con los partos que el trono de Armenia sería para un rey de la dinastía parta, pero que la diadema real la impondría el emperador romano. Es decir, tu pones al rey y yo lo corono. Es tuyo pero es gracias a mi. Un acuerdo diplomático a un conflicto que, pese a que parece un poco endeble, duró alrededor de cincuenta años.

Pasado ese tiempo, la cosa cambió bastante. El reino parto se adentró en otra de sus guerras intestinas entre diferentes pretendientes al trono. Uno de ellos, Osroes I, en una acción poco sopesada – a la vista de las consecuencias – decidió expulsar al rey de Armenia, un tal Axidares, para imponer un candidato propio, Partamasiris, sin el consentimiento romano. Sucede que el trono de Roma estaba ocupado por un emperador que no era mucho de negociar y sí de guerrear… y conquistar. Hablamos del emperador Trajano que sabiendo aprovechar las circunstancias, preparó un formidable ejército en un tiempo récord y se plantó en Armenia a las primeras de cambio. Lógicamente cuando Partamasiris se enteró que Trajano, el conquistador de la Dacia, estaba en Armenia a la cabeza de un magnífico ejército, se puso en lo peor. Y es que el nuevo rey de Armenia no tenía fuerzas para hacer frente a los romanos y menos con su aliado parto Osroes I dándose palos en Partia.

Pero la tradición manda y Partamasiris entendió que lo que armenios, partos y romanos habían hecho desde años atrás era negociar una salida para todos (una salida buena para osroesiromanos y partos, claro). Lo primero que hizo fue enviar cartas al emperador romano para tranquilizarle, a las que acompañó sabiamente con regalos. Sin embargo Trajano no solo no contestó a las misivas de Partamasiris, sino que además continuó su avance por Armenia. La cosa pintaba muy mal para el rey armenio y entendió que el orgulloso conquistador de la Dacia quería algo más que unas cartas y unos presentes; organizó un encuentro muy teatralizado en Elegia. Llegados allí el rey armenio Partamasiris se acercó a Trajano que permanecía sentado, se arrodilló ante el emperador en actitud de sumisión a Roma y depositó la diadema a los pies de Trajano. La idea de Partamasiris es que, tras la sumisión ritualizada a los ojos de tantos testigos, el italicense recogiera la diadema y la volviera a poner sobre su cabeza y aquí paz y mañana gloria. Pero estamos hablando de Trajano, la diplomacia no iba demasiado con él, por lo que en vez de poner la diadema real sobre la cabeza de Partamasiris, la recogió y proclamó que desde ese mismo momento Armenia pasaría a formar parte del Imperio como una provincia más.

La cara de Partamasiris debió ser un poema. Un poema bastante triste. Las legiones romanas presentes aclamaron a Trajano, el conquistador de la Dacia y de Armenia, como Imperator (su séptima acclamatio, que no es moco de pavo) y acto seguido, aprovechando los ánimos de sus legionarios, se encaminó a asentar la nueva provincia lo cual parece que fue un proceso bastante pacífico y ordenado. El pobre Partamasiris se quedó sin trono y, peor aún, sin vida pues Trajano no iba a dejarlo con vida y dejar un pretendiente al trono molestando en su nueva provincia. Y es que con Trajano no se juega y menos si hay territorios que anexionar de por medio.

Tras Armenia, Trajano puso camino a Partia, pero esa es otra historia…

Otras Bravuconadas a la romana: César y los Piratas, y Popilio Laenas y Antioco IV

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