Calígula: Un emperador oriental

Busto de un joven Gayo César - Calígula -

Busto de Calígula

Que Calígula quizás no estaba tan loco es posiblemente una de esas frases que merecen ser explicadas con detenimiento. Pero antes tenemos que ponernos en contexto; estamos ante una joven esperanza de la dinastía Julio-Claudia. En él se encontraban presentes los genes de los principales protagonistas del fin de la República, incluyendo Octavio y Marco Antonio. En una sociedad como la romana que antepone la ascendencia familiar por encima de cualquier mérito, este particular hecho supone, cuanto menos, que este joven Gayo César se lo tenga más que creído. Una gran esperanza que tenía Roma en este muchacho de famosos antepasados, sobre todo ante los últimos años de un Tiberio que, sinceramente, dejaba mucho que desear.

Su educación también tiene un papel importantísimo para explicar el gobierno de Gayo César. Aunque tuvo, como era preceptivo, su pedagogus griego (varios de ellos a decir verdad) y aprendió historia romana, sus más allegados fueron dos personajes orientales; Hérodes Agripa y Antioco (llamados, directamente, maestros tiranos en las fuentes). Ambos personajes levantaron en el joven César una serie de inquietudes y fascinación por la forma de gobierno en Oriente, muy diferentes – en teoría – a la incompleta monarquía romana instaurada por Augusto y que seguía defendiendo la necesidad de tener un Senado que, en cierta forma, fiscalizase el gobierno del emperador. Además el inexperto Gayo César mantendría esa visión del mundo oriental bastante parcial en el que los grandes reyes sobresalían y no eran manchados por lo convulsa de su vida palaciega. Este amor por Oriente tiene su reflejo en el propio movimiento de Gayo César cuando se presenta como descendiente de Marco Antonio, el perdedor de la guerra, pero el máximo reflejo de una política orientalista en Roma.

De esta forma en la cabeza del muchacho llamado popularmente Calígula se unieron un ego que le debía desbordar por los oídos y un gusto por una forma monárquica que veneraba el rey como un verdadero dios. Si él era descendiente de lo mejorcito de Roma ¿acaso no era él mismo un dios? Si partimos de esta creencia, enlazado con lo expuesto más arriba, muchas de las acciones del propio Gayo César tendrían más explicación política que la simple locura. Un ejemplo es la eliminación sistemática de cualquier persona que tuviera que ver con su condición de mortal o con la obtención del poder; él era un dios y era emperador porque estaba en su naturaleza serlo, no podía deber nada a nadie.

Este filia por Oriente y su gobierno no es más que parte de su gobierno. Si a este modo de hacer, muy diferente en las formas al modelo romano, le sumamos que Gayo César tampoco estaba muy bien de la cabeza, el resultado es por todos conocidos. Sin embargo, como decimos, dentro de la locura de Calígula había más lógica de la que podía parecernos, aunque Roma tardase más de dos siglos en aceptar una forma de gobierno como la que Gayo César quería imponer.

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