El año de Julio y César

Es posible que la vida de Julio César, el famoso general y dictador romano, sea tan conocida porque siempre será una de esas figuras que apenas deja indiferente a nadie. Su historia está llena de anécdotas que le hacen un personaje que puede ayudar a explicar centenares de pequeños aspectos de la vida cotidiana de la Roma de finales de la República. Hoy nos centraremos en el conocido como año de Julio y César, el 59 a.C. Y lo haremos para explicar porqué es conocido así y no como el año de César y Bíbulo. En tiempos de la República las fechas eran algo confusas; no ya los días del mes (que explicábamos el otro día) sino los distintos años. Hay que entender que no había consenso ni nada parecido en el año de fundación de Roma por lo que no existía un año de referencia. No existía, como ahora, un año de comienzo, el año 1. Entonces, ¿cómo diferenciaba un romano un año del anterior o del siguiente?

A esta pregunta se responde con otra simple pregunta ¿que cambiaba cada año en la julio cesarRepública? Los magistrados, y entre ellos los más importantes, los cónsules. Pues si los cónsules de este año no son los mismos que año pasado ni lo serán – presumiblemente – el año que viene, pues es una fórmula válida para este pequeño problema. De este modo, cuando lees una fuente clásica, por ejemplo Polibio (I, 39), cuando dice “aquél verano, siendo cónsules Cneo Servilio y Cayo Sempronio…” pues ya debes saber – gracias al listado de cónsules – que se trata del año 253 a.C. año en el que los cónsules fueron Cneo Servilio Cepión, que quedó primero en las votaciones, y Cayo Sempronio Bleso, que quedó segundo. Es, como vemos, un sistema sencillo. O al menos una fórmula válida para los romanos que eran quienes la usaban. Pero entonces ¿a qué viene lo del año 59 a.C. y eso del año de Julio y César?

Vayamos a esos apasionantes años del final de la República; las dos “facciones” del Senado se encuentran en plena efervescencia y Julio César se consolida como referente en la política tras validar su pacto con los poderosos Craso y Pompeyo. Este crecimiento no está bien visto por los llamados Optimates que prefieren minimizar en lo posible el impacto de un casi cantado consulado de César (el poder del triunvirato garantizaba estas cosas). Así se decide presentar a Calpurnio Bíbulo, yerno de Catón, para que sea cónsul junto a César (no solo el triunvirato tenía ese poder de garantizar “elecciones”). La jugada sale bien y ambos son elegidos, César en primer lugar y Bíbulo en el segundo. Es aquí cuando surge la cuestión del año; César pretendía aprobar una ley que cediese tierras a los veteranos de Pompeyo, algo que los Optimates, Bíbulo mediante, no pensaban consentir, por lo que la propuesta fue vetada en el Senado. Esto llevó a César a la asamblea en la que Bíbulo intentó volver a vetar la idea, pero antes de poder hacerlo fue agredido y se fue a su casa. Fue esta la última acción de Bíbulo como cónsul, a partir de entonces se quedó encerrado en casa para, según él mismo, leer los augurios. De nada le sirvió mandar mensajes al Senado anunciando que las señales divinas eran contrarias y que no se debía reunir la cámara, pues no fueron escuchadas. Terminó así el año del consulado en solitario – en la práctica – de César, de ahí que los romanos con sorna repitiesen “el año de Julio y César”.

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