El Arco de Constantino

Lado sur del Arco de Constantino

Los romanos son conocidos por, entre otras cosas, saber aprovechar lo que un enemigo derrotado podía aportarle. Bien en forma de nuevo armamento, bien gracias a la adopción de nuevos dioses. Incluso podemos ver como se reutilizan edificios en ciudades derrotadas para implantar instituciones puramente romanas. Una cualidad envidiable que no solo fue utilizado para lo nuevo, para lo ajeno, sino que fue un reciclaje que caló bien incluso en la propia Roma. Un ejemplo de esta reutilización de elementos la podemos ver en el magnífico Arco de Constantino.

Lado este del Arco de Constantino

Pongámonos en situación; tras la batalla del Puente Milvio, Constantino se declaró libertador de la ciudad de Roma acusando al malogrado Majencio a la condición de tirano. Sin embargo, la posición de Constantino no era demasiado estable pues su ascensión era igual que la de Majencio. De esta forma comenzó la maquinaria a funcionar; lo malo de Majencio no era que hubiese usurpado el trono, era que una vez en él se comportó como un tirano. Así Constantino era igual de legítimo que Majencio pero, a diferencia de él, no era un tirano. Pero claro, la cosa quedaba un poco coja y había que darle un poco más de forma. Así que aplicó un viejo método imperial; vincular su figura a la de otros emperadores de buen recuerdo. Si bien generalmente era inventarse una genealogía, Constantino y sus consejeros optaron por hacer una vinculación iconográfica. De esta forma, para celebrar su victoria sobre Majencio y la “liberación de la ciudad” levanta un majestuoso arco junto al Coliseo, sobre la Via Triumphalis, y lo decora con elementos de monumentos de otros emperadores. Pero claro, no de cualquier emperador, sino de aquellos que tengan buena memoria en el pueblo. ¿Y qué mejores que aquellos del siglo II, la llamada época dorada del Imperio? Efectivamente se llevó elementos del foro de Trajano y de los arcos de Adriano y de Marco Aurelio. De esta manera tan visual el pueblo podía vincular los gobiernos tan idealizados de los emperadores del siglo segundo con el reinado de Constantino y pensar que, por una vez, la cosa pintaba bien después de tanto vaivenes.

Detalle del Arco de Constantino

En concreto los elementos pertenecientes a época de Trajano son las estatuas de los dacios prisioneros que recuerdan la victoria de éste sobre la Dacia. También es de época trajanea los magníficos bajorrelieves laterales que representan cargas de caballería que también conmemoran sus victorias en la Dacia. De época de Adriano son los distintos medallones que decoran la parte norte y sur del arco. Los medallones (o tondos) son escenas de caza de animales y de sacrificio a dioses. Concretamente, y por pareja, representan: caza de un jabalí y sacrificio a Apolo, caza de un león y sacrificio a Hércules, caza a un ciervo (o quizá un oso) y sacrificio a Diana y un sacrificio a Silvano que viene acompañado por una escena en el que el emperador se prepara para salir de caza. De época de Marco Aurelio son las ocho escenas (cuatro en el lado norte, cuatro en el lado sur) que recuerdan sus victorias sobre los Marcomanos y Sármatas. En concreto son escenas tópicas como la rendición de un rey extranjero, la presentación de prisioneros de guerra, la adlocutio (discurso a los soldados), suovitaurilia (sacrificio ritual de tres animales machos), el adventus (llegada del emperador victorioso), el general victorioso siendo saludado por la personificación de la Via Flaminia (en representación de la ciudad), una largitio (reparto de dinero entre el pueblo) y el interrogatorio del emperador de unos prisioneros germanos. Como curiosidad en la escena de la largitio el emperador Marco Aurelio se hizo representar junto a su hijo y heredero Cómodo, quien fue diligentemente borrado tras decretarse su Damnatio Memoriae.

El emperador se prepara para salir a cazar.

Sin embargo no todo sería robado de otros monumentos. Constantino hizo grabar alrededor del monumento una escena corrida (al estilo, por ejemplo, de la Columna Trajana) la campaña en Italia contra el “tirano” Majencio. De esta forma el friso da comienzo con la llegada de Constantino a Milán (en el lado oeste del monumento), el asedio a Verona (en el lado sur), la batalla del Puente Milvio (en la esquina sudeste) y la entrada del ejército victorioso en la ciudad de Roma (en el lado este). Se reserva la parte norte del monumento para representar las acciones del emperador cuando llegó a la ciudad, por un lado un discurso a los ciudadanos y por otro el reparto de dinero entre el pueblo.

La liberalitas de Constantino repartiendo dinero

Por último quedaría comentar la inscripción que corona el monumento y en el que Constantino explicaba qué era aquella construcción y por qué estaba allí. El comentario crítico lo dejaré para otro momento, pues tiene mucho miga y enlaza con la política religiosa del propio emperador. Sin embargo lo dejaremos por aquí, para que podáis echarle un ojo.

Al Emperador César Flavio Constantino, el más grande, pío y bendito Augusto: porque él, inspirado por la divinidad, y por la grandeza de su mente, ha liberado el estado del tirano y de todos sus seguidores al mismo tiempo, con su ejército y sólo por la fuerza de las armas, el Senado y el Pueblo de Roma le han dedicado este arco, decorado con triunfos.

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