El Dios Sol Invicto

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Moneda de Aureliano

En estas fechas se habla mucho del Dios Sol Invicto; una divinidad que pese a su antigüedad, no cobró una verdadera importancia hasta bien entrado el siglo III de la mano de Aureliano. Y es que, con la crisis del siglo III, el Imperio había perdido gran parte de la confianza en el poder de Roma; los usurpadores se sucedían creando un clima de inestabilidad que dañaba la generación de riqueza y ponía a los territorios fronterizos en una incómoda posición (como pasó con Palmira). Cuando Aureliano llegó al poder, la falta de confianza de las provincias del Imperio hacia Roma era un handicap difícil de superar y se encontraba ante una situación compleja; la única vía hasta entonces que tenía el Imperio para mantenerse unido había sido la personificación de Roma en la figura del emperador. En todos las representaciones de este, se muestra como un padre preocupado por el bienestar del pueblo. Pero ahora, en esta crisis política profunda, nadie se sentía representado por el emperador, más que nada porque se sucedían a una velocidad alarmante y las historias de lo que ocurría en Roma – o en la corte – solía levantar la indignación del pueblo. Era necesario regenerar la figura del emperador, pero ¿cómo?

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Dios Sol Invicto

Aureliano decidió echar mano de la religión, pero no podía acudir a la religión antigua de Roma, la cual estaba prácticamente abandonada, mantenida de manera simbólica, para guardar las formas. Necesitaba una figura fresca, que todo el mundo entendiese y pudiera venerar
sin problemas, una figura reconocible pero que no estuviera gastada. Y la encontró en el Sol, el astro rey que renace cada mañana, que calienta la tierra y que permite a las plantas crecer. No era una deidad nueva; años antes Heliogábalo se lo había traído de Emesa (actual Homs) a Roma, los egipcios tenían a Ra/Atón, los griegos a Helios (luego Apolo)… La figura del Sol es universal, toda la tierra puede entender al astro rey como divinidad pues en todos lados está presente. De esta forma, se “crea” una nueva divinidad, superior a todas las demás – para mantener las formas con las religiones tradicionales se coloca al Sol por encima de las restantes – y se asocia al trono, dándole cierto prestigio. Aureliano será co-emperador de Roma teniendo como compañero al Dios Sol Invicto.

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Representación de Mitra junto al Sol Invicto y la Luna.

Y la fórmula funcionó, por todos lados encontramos un creciente culto al Sol, una creencia que era fácil de asimilar y que desde el poder se promocionó. Se le asignó toda una serie de ritos y mitos provenientes de las diferentes creencias, como el mitraismo o la religión egipcia. Se le dotó de su propio colegio sacerdotal, de carácter exclusivo a hombres de rango senatorial. No fue tanto una invención de una nueva religión o divinidad, sino la unificación de las creencias más extendidas en una sola. El Dios Sol Invicto se expandió por todo el Imperio, fácilmente asimilable al llevar una simbología ya conocida y poco novedosa. El propio Constantino, famoso por su aportación al Cristianismo, lo utilizó en sus monumentos, e incluso instauró el domingo (día del Sol en Roma) festivo en honor a la divinidad. Es muy posible que, en esta intervención de Constantino en ambas religiones – Cristianismo y Sol Invicto – haya provocado las semejanzas iconográficas entre ambas.

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