El Ejército Romano I: El principio de la fábrica de palos.

El ejército romano repartió guantazos y palos por todo el Mediterráneo, llegó a las islas británicas, guerreó por Arabia… algunos incluso llegan a afirmar que se adentraron más allá de Oriente Medio. Pero como cualquier cosa, tuvo un principio, incluido esta máquina de conquistar que fueron las legiones romanas. Pongámonos en situación; Roma, una monarquía centro-italiana, con poderosos enemigos en el norte, y fuertes ciudades al sur, con una población basada en clanes (las gens), y esto es grandes familias extensas, y viene a decir que es una ciudad basada en lazos de sangre, lo que algunos autores consideran un régimen muy arcaico. Desde muy temprano, Roma tuvo que defenderse, a veces con éxito, a veces con poco éxito, y muchas veces en tablas. Pero, un sucio pueblucho que era Roma, no muy rica ¿cómo organizaba su ejército? El modelo imperante en la antigüedad era sencillo, tirar de mercenarios (que los había a patadas) con el lógico resultado de, la ciudad más rica podía pagar más y mejores mercenarios (ejemplo Cartago), y las poblaciones más pobres pues tenían que hacer un esfuerzo por mantenerse… o aliarse con otras más fuertes en contra de un enemigo común. Roma es una de las excepciones, y al modo griego, establece que entre las obligaciones del ciudadano está proteger la ciudad, de esta forma crea un ejército no profesional movido por el patriotismo (y porque los ciudadanos sabían que, en caso de perder la batalla, podían perderlo todo). De este modo se establece que cada gens debe aportar un número concreto de soldados, que estos debían pagarse el equipo, y que su participación en la defensa de la ciudad, les permitía mantener sus derechos civiles como buenos ciudadanos.

Si, habéis leído bien, el soldado debía pagarse su propio equipo, lo cual no era barato, y por tanto, no todo el mundo podía permitírselo, por lo que parte de la población, pese a ser libres, e incluso ciudadanos, no iba a la guerra. Estos serán los Proletarii, las clases bajas de Roma, que no participarán activamente en las primeras conquistas de Roma. Al contrario de la norma, las clases altas siempre estuvieron presentes en los ejércitos, pues participar en las campañas les abría las puertas de la carrera política y le daba prestigio. El número de soldados de un ejército (no se hace diferencia con la Legión) durante la temprana República estaba entre tres mil y cinco mil infantes (dependiendo las fuentes) y unos trescientos jinetes con sus monturas. Estos últimos pertenecientes a familias ricas que podían permitirse tener un caballo, y que serían el nacimiento de los equites como grupo social. A la cabeza del ejército figuraba en un principio un magistrado de rango pretor, pero en un momento temprano se creó una magistratura mayor, el consulado, con mayor imperium.

Formación hoplita griega. Se puede observar la rigidez de la formación.

Una vez ingresado en el ejército, el soldado era dividido por edades, los más jóvenes formaban los Hastati, seguidos por los que ya habían entrado en combate, llamados Princeps, y por último los más veteranos, que solían colocarse en la última fila, los Triarii. La idea era que en caso de retirada de los novatos, hubiese detrás una unidad más veterana que contenga al soldado que huye, y pueda parar al enemigo.  Aunque durante mucho tiempo se ha barajado la hipótesis según la cual Roma habría utilizado una formación hoplítica a la manera griega, los estudios más actuales parecen desechar esa idea de raíz. Poco podemos saber de cómo fue la formación en los primeros tiempos (aquí información sobre este punto), pero Polibio es el primero en hablarnos de la formación militar romana para mitad del siglo II a.C. y apenas se parece a una formación de hoplitas.

Y es que cuando tu ejército es de ciudadanos, tienes que entender que tus soldados no son profesionales, y deben volver a casa para ganarse el pan y sustentar a sus familias. Eran campañas contra enemigos cercanos (los vecinos del Lacio, el sur de Etruria…), y aunque tenían una paga y podían beneficiarse con la rapiña a los enemigos derrotados, la base de la riqueza del ciudadano era su trabajo habitual. Este sistema funciona cuando, como hemos dicho, el enemigo es cercano, vas y vienes en unos meses, pero a medida que la ambición de los gobernantes se hizo mayor, el enemigo cada vez era más fuerte y más lejano, la campaña se fueron alargando hasta limites insoportables para las economías domésticas de gran parte del ejército. Además con el tiempo, los frentes de guerra se multiplicaban y era necesario tener más legiones en campaña, pero la base de reclutamiento era limitada, fue necesario abrir el ejército… Pero eso es material de otro capítulo.

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