El Ejército Romano: La Guardia Pretoriana

Quizás sea uno de los cuerpos especiales más famosos de la Historia; su servicio era la envidia de los otros cuerpos del ejército, mejor pagado, menos tiempo de servicio, recargado de incentivos – más le valía al emperador de turno cumplir con esto – y, por lo general, poca batalla a la que hacer frente. La Guardia Pretoriana ha pasado a la Historia más por su particular gusto por imponer a sus propios emperadores, implicarse en multitud de conspiraciones y por ejercer el terror en Roma, que por sus victorias militares, pese a que, en el campo de batalla, mostraron ser una unidad eficaz y obediente. Empecemos a contar quienes fueron estos guardaespaldas del emperador desde el principio.

Unos Pretorianos representados en la columna de Trajano

Durante la República numerosos generales en campaña entendieron la necesidad de rodearse de una unidad que le protegiese de los peligros inherentes de las campañas militares y de las marchas por territorio hostil. Estas unidades se componen de soldados escogidos por su valor y arrojo, así como por una probada lealtad al general, al que acompañan en todo momento, incluso en los campamentos duermen en una tienda anexa a la del propio general, llamada Praetorium (y de cuya derivación vendrá el nombre Pretoriano). Esta unidad especial recibirá el nombre de Extraordinarii o  Ablectos, y pronto comenzó a estar compuesta por tropas aliadas, vinculadas personalmente al general, lo cual garantizaba la lealtad a su jefe, por encima de las propias unidades romanas, que podían tener ciertos reparos. Algunos autores han señalado la importancia que tuvieron los pueblos hispanos en la consolidación de esta guardia, ya que la lealtad (fides) de estos pueblos con su jefe llegaba hasta la muerte; si el general moría, ellos mismos se quitaban la vida. Julio César tuvo una guardia hispana como protección, aunque la terminó sustituyendo por germanos – posiblemente porque Hispania se estaba romanizando y no sería de extrañar que “esa lealtad” también. Pese a su guardia personal, estos Ablectos, César fue asesinado en el Senado, algo que hizo pensar a su sucesor, Octavio Augusto que quizás, esa guardia militar debía extender su protección a la ciudad de Roma. Este pensamiento se traduce en la creación de la Guardia Pretoriana.

Un Pretoriano muy elegante vestido a la ligera.

Augusto creó a la Guardia Pretoriana como unidad destinada a proteger a la familia imperial, instituyó el cargo de Prefecto del Pretorio, e instaló al nuevo cuerpo en un campamento militar en el monte Viminal. Pero Augusto se guardo, y mucho, de mantener las apariencias republicanas, por lo que siempre mantenía a la mayoría de las unidades pretorianas fuera de Roma, y la fuerza militar del cuerpo no suponía una amenaza seria para Roma – aunque, posiblemente, si podía tener cierto efecto coercitivo a los senadores díscolos. En este sentido uniformó a los Pretorianos, dentro de Roma, para vestir a la ligera, aunque portaban el Gladius, y calzaban las Caligae, de esta forma no chocaba a la vista, y la tradición romana de no tener soldados uniformados por las calles se “respetó”. En el campo de batalla, portaba un escudo ovalado, que recordaba a los escudos más antiguos de la infantería romana, un guiño a la tradición. Fue Tiberio, sucesor de Augusto, quien les dio la forma; construyó la Castra Praetoria a las afueras de Roma, un enorme recinto fortificado que dejaba a las claras quien estaba al mando allí, estableció las principales condiciones del servicio pretoriano, e instituyó el Donativum, pagos por los favores prestados, que se sumaban a una paga ya de por si superior a la de los ejércitos regulares. Como respuesta, la Guardia Pretoriana incorporó como símbolo el Escorpión, pues Escorpio era el zodiaco de Tiberio. Aunque, quizás, lo que mejor aclare lo que llegó a ser la Guardia Pretoriana fue como Sejano, Prefecto del Pretorio, acabó encargándose de los asuntos imperiales, de forma muy corrupta, cuando Tiberio se retiró a su villa en Capri.

Moneda de oro de la época de Claudio donde se representa la Castra Praetoria.

La Guardia Pretoriana pronto, muy pronto, defraudó el objetivo para el que fue creado. Por un precio podías comprar la muerte del César, el cual debía hacer numerosas contra-ofertas en forma de Donativium para evitar su propia muerte. Los Pretorianos hacían y deshacían a su antojo en el Imperio, muchos emperadores murieron a manos de estos hombres que prometieron defenderlos, y otros tantos llegaron a emperador gracias al apoyo de los pretorianos. La situación era un desmadre. Finalmente Constantino I disolvió este problemático cuerpo, muy disminuido tras las reformas de Diocleciano. A lo largo de la Historia se han creado muchos cuerpos especiales con cierta inspiración en los Pretorianos, aunque no llegaron a los niveles de corruptela de los romanos; es el caso de los Mosqueteros de Luis XVI de Francia o la Guardia Suiza Pontificia.

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