El Ejército se Profesionaliza: Ahora si que se reparten palos (I)

Caius Marius, general romano y artífice de las profundas reformas del ejército.

Continuamos con la serie sobre la evolución (aquí el capítulo “anterior”) del ejército romano y damos un salto hasta finales del siglo II a.C donde el modelo militar de Roma daba signos de agotamiento. Por un lado, que el ejército fuese de los más potentes del Mediterráneo no valía de nada si el general que los comanda es un mediocre militar que no sabe diferenciar una espada de un escudo. Este hecho provocó innumerables bajas en las campañas, acabando con la otrora abundante “clase media” romana, base del ejército romano en la República. Esto se hizo evidente cuando un homus novus, Cayo Mario, elegido cónsul se dispuso a conjugar la defensa de Roma contra las tribus germanas de cimbrios y teutones, que acababan de eliminar al ejército romano en la batalla de Arausio. Al comprobar que no eran capaces de reclutar a un mínimo de hombres dispuestos a luchar, no por falta de valentía, si no por falta literal de jóvenes en edad para alistarse, terminó dando la última vuelta de tuerca al sistema de reclutamiento; alistar a las clases más bajas, aquellas que no podían permitirse el armamento, a cambio de un sueldo fijo (del cual le restaban una parte en concepto de pago por el equipo). No es una medida radical, al ejército de voluntarios se le pagaba para compensar las posibles pérdidas para la economía familiar del soldado, además de incentivarlo con las posibles riquezas que se obtenían en los saqueos. Cayo Mario simplemente dio un giro más – y último en este sentido – al terminar de profesionalizar el ejército, abriéndolo a los proletarii. El tiempo de reclutamiento se estableció en 25 años, que en ocasiones podían prorrogar. Se ha creado legalmente un ejército permanente y profesional.

Representación del aspecto de unos legionarios en época de Cayo Mario.

Sucede que esta entrada, que fue un éxito al abrir la base de reclutamiento, conllevó una reforma integra del propio ejército (que sí fue radical); por un lado, si hay que pagar el equipo a los nuevos reclutas, no es de recibo dividirlos en los tres cuerpos que integran la infantería (Hastati, Princeps y Triarii), que además ya no eran eficientes, y se homogeneizó la infantería en la forme del legionario. Así mismo se eliminó la infantería ligera (velites) que habían fracasado en su papel durante las guerras púnicas, optando definitivamente por disponer de unidades especiales, los auxilia, organizadas por su carácter étnico (por ejemplo, honderos baleares, o la caballería germana). A la vez se reorganiza la estructura del ejército, se abandona el modelo manipular y se divide el ejército en legiones (de unos 5000 hombres) que se dividían en 10 cohortes que se dividían a su vez en 6 centurias. Será la Centuria la nueva unidad base de la táctica militar romana, que estará liderada por el Centurión. Si bien es cierto que la Centuria estaba a su vez dividida en Contubernia (grupo de 8 soldados que compartían tienda), no tendrá importancia desde el punto de vista táctico. Este modelo de Ejército será la culminación – con pequeños arreglos que iremos comentando en otros episodios – de la máquina militar romana.

Representación moderna del Águila romana. Era un símbolo de Júpiter.

Pero la entrada de estos proletarii en el ejército trajo un problema nuevo; en el combate necesitaban referencias para situarse, encontrar a su unidad y diferenciarlas de las otras. Como la mayoría o no sabía leer o no se podía parar a leer en mitad de un combate, Cayo Mario optó por unificar los símbolos de la legión; para ello cada legión portaría un símbolo común, el águila, y cada centuria unos estandarte visual que el legionario podría identificar sin problemas.

Por último, Cayo Mario instauró una nueva norma, la jubilación. Cuando un proletarii (que se caracteriza por no tener nada) se alista, cumple los 25 años de servicio, no es aconsejable que vuelva a Roma con las manos vacías. Así que el general le da una pensión en agradecimiento y Roma le otorga tierras en una zona conquistada con el fin de que se retire y disfrute de un merecido descanso después de tantos años de penurias en campaña. Realmente esto ya se había producido, Escipión (poco después conocido como Africano) un siglo antes había instalados a veteranos y heridos en la colonia de Itálica (Santiponce, Sevilla). Cayo Mario convirtió este hecho excepcional en obligatorio, lo cual trajo muchos problemas que luego comentaremos. Desde un punto de vista militar, la cuestión tiene una importancia enorme; al instalar veteranos en las regiones conquistadas, se convertirán en los primeros defensores de la zona en favor de Roma, y en caso de necesidad, podían reengancharse para ello.

Estas reformas, algunas paulatinas, y otras más radicales, suponen la profesionalización definitiva del ejército romano. Pero trajo una consecuencia que resultó letal para la República; la lealtad de los ejércitos viran; empiezan a dejar de guardar su compromiso para con Roma (Senado y Pueblo) para seguir a su general. Los generales alientan a sus soldados contra el Senado, al que acusan de no querer pagarles, o no les permiten disponer de tierras donde asentarse. Los ejércitos son leales a sus propios generales, empezando una época de guerras civiles que acabará con la República y dará forma al Imperio – donde el problema persistirá -. Pero como vemos, el ejército ya es la máquina bélica más avanzada de la antigüedad. Pero la cuestión no acaba aquí, estad atent@s a la segunda parte de este capítulo.

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