El otro Séneca

Es Séneca una de esas grandes figuras de la filosofía que ha perdurado a lo largo de tantos años de Historia. Su rápida ascensión bajo el gobierno de Claudio haciéndose cargo del joven Nerón es destacada como uno de los primeros ejemplos de la importancia creciente de los hispanos en la corte romana. Además su filosofía estoica, incluso ciertos pensamientos relativos al trato a los esclavos, han hecho que se construya alrededor suyo una imagen de hombre bueno y culto, que tuvo la desgracia de estar bajo el yugo de un malvado emperador, Nerón, quien lo condenó a muerte. Sin embargo mucha información de la que disponemos del eminente filósofo no concuerda realmente con esa imagen.

Y es que Séneca es de esas personas que saben jugar con las apariencias; de ese modo durante el reinado de Claudio escribiría múltiples alabanzas sobre el emperador, a quien definiría como divino incluso para, aún con el cuerpo casi caliente, sabedor de la opinión generalizada en la élite del emperador, escribir la satírica Apocolocyntosis divi Claudii (“Calabacificación” del divino Claudio) donde no solo pone verde al difunto Claudio sino que incluso inicia un proceso de peloteo de Nerón que es inaudito. Y no es que nos parezca raro, dentro de la propia dinámica cortesana en Roma, el juego de adulaciones a los regentes, sino que sea tomado Séneca como ejemplo de bondad y rectitud.

Lo cierto es que Séneca era un hombre que había amasado una enorme fortuna bajo el paraguas de la corte. Muchos de sus contemporáneos destacarán lo oscuro que es el origen de esa riqueza, llegando a acusarlo públicamente de aprovecharse de ancianos desvalidos de Roma a los que atraía para quedarse con su dinero. Y es que el propio Dion Casio señala su usura coSenecamo uno de los causantes de la rebelión de Boudica al ser propietario de enormes cantidades de tierra britana que arrendaba con unos intereses abusivos, de los cuales no renunciaba incluso llegando a la violencia.

No es Séneca, ni por asomo, una excepción en el complicado mundo de los intereses económicos de los cortesanos de Roma. Ni siquiera, pese a que su avaricia fuese condenada por los escritores tanto de su época como posteriores, podemos considerarlo el peor de los ellos. Sin embargo, pese a una imagen de un filósofo bondadoso que cayó víctima de un desquiciado emperador – que fue su pupilo – vemos a un hábil cortesano que supo moverse por el complicado mundo de la élite de Roma.

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