El Rex Sacrorum y la religiosidad romana.

Los Augures son unos de los sacerdocios tradicionales de la religión romana.

Cuando los romanos expulsan a Tarquinio el Soberbio se enfrentan a la titánica tarea de reorganizar el estado romano. Ya escribimos sobre este momento, así que no vamos a repetirnos. Pero una cosa es repartir las funciones políticas y militares, asuntos mundanos que se solucionan poco a poco, reajustando el sistema hasta que todo cuadre, y otra cosa, sin embargo, son las cuestiones religiosas, pues el rey romano poseía una serie de prerrogativas que no eran tan fácilmente transferible. Surge de esta manera el Rex Sacrorum, un sacerdote de la más alta dignidad, que asumirá las competencias religiosas que otrora hiciera el rey, pero que se desprendería de cualquier carácter político y militar. Pero este nuevo sacerdocio no podía nacer solo, y tal como el Rey debía estar acompañado de una mujer, la Regina Sacrorum, que asumiría las funciones religiosas de la extinta reina. Es decir, el fin de la monarquía conllevó le necesidad de crear unas figuras que ocupasen el lugar religioso que los reyes tenían.

Los Lares son dioses del ámbito privado, muestran la diferencia entre la religión pública y la religión privada.

Realmente existe un debate académico sobre si esta figura aparece como producto de la desaparición de la monarquía, o ya existía previamente, pero fue la expulsión de Tarquinio el Soberbio cuando tomó mayor relieve al asumir mayores prerrogativas. Sea como fuera, la cuestión es que al inicio de la república el Rex Sacrorum, junto a su esposa la Regina Sacrorum, tienen un papel destacado, ejerciendo como el principal sacerdocio de la república, seguido por los Flamen Maiores y detrás el Pontifex Maximus. Es curioso cómo, durante el trascurso de la República, la importancia de los papeles religiosos va variando, llegando el Rex Sacrorum y  los Flamines a convertirse en un sacerdocio totalmente marginal que, aunque mantenían prestigio, eran poco deseado por los ambiciosos romanos que querían ocupar cotas de poder sin tener el cortapisas de las prebendas que estos cargos religiosos tenían. Estas limitaciones al ejercicio de las actividades políticas dejaría el camino expedito al Pontifex Maximus para ir acaparando mayor peso dentro de la esfera religiosa romana que acabaría siendo también materia de decisión del propio Senado.

Octavio Augusto representado como Pontifex Maximus.

La marginación del Rex Sacrorum y de la Regina Sacrorum, desalojado de la escena religiosa por el Pontifex Maximus, habla de la religiosidad romana – y antigua en general – que entendía que la vida pública era un todo, donde religión, política, negocios y ejército eran parte de una misma cosa. La mentalidad romana se terminó guiando por un Pontifex Maximus que sí acudía a las sesiones del Senado y que tenía legitimación religiosa, obteniendo cada vez mayores cotas de poder en todos los ámbitos, y desechando algunos sacerdocios arcaicos, vinculados a una religión romana más antigua, que apenas entendían. Los rituales mágicos, que es parte indispensable de algunas religiones como la romana, precisaban de la utilización de procedimientos arcaicos, utilizando elementos simbólicos cuyo significado había caído en el olvido y pronunciando palabras en un latín antiguo que ya nadie entendía. Estos ritos arcaicos, imposibles de entender para asistentes y sacerdotes, perdían su importancia, y eran solapados por nuevas ceremonias, en ocasiones exportadas del Imperio, relegando a la religión romana tradicional – y a sus sacerdotes – a un papel marginal y olvidado. Ciertos sacerdocios eran recuperados del olvido para recompensar de forma simbólica a un buen ciudadano (o incluso eliminarlo políticamente, si el cargo iba acompañado de prohibiciones), al igual que se recuperan magistraturas con intereses políticos (léase la dictadura o el Censor).

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