Entre Parcas, Moiras y Nornas.

Hoy queremos rescatar unas de las figuras que nos parecen más curiosas de la mitología romana, y no por ser genuinas, sino, más bien, por todo lo contrario. Nos referimos a las Parcas, las conocidad como Moiras entre los griegos, que rigen los destinos de todos los mortales e inmortales. Y lo curioso no es, al menos exclusivamente, que los romanos copiasen el mito griego casi al dedillo. No. La novedad es que este mito de unas hermanas que configuran toda la vida de los mortales es que, aparte de en la griega y en la romana, encontramos la misma idea en la mitología nórdica bajo el nombre de Nornas. Por justicia hablaremos del mito más antiguo de los tres, el griego.

las_parcasEs difícil determinan quienes fueron las Moiras; los propios autores clásicos difieren en sus explicaciones hasta el punto de no tener claro su origen, ni su posición en el panteón olímpico. Incluso en el número de hermanas hay versiones. Esta diferencia de criterios entre los mismos contemporáneos nos habla que, pese a lo escrito, el culto a las Moiras era antiguo, y que incluso pudo ser anterior a la reordenación del panteón mitológico que elevó la figura de Zeus a rey de los dioses. Es decir, nos estamos situando en un momento “oscuro” de la historia de Grecia en el que las fuentes son practicamente inexistentes y que conocemos por relatos posteriores.

Las Moiras son tres en la versión más extendida; Cloto quien se encargaba del nacimiento, que enhebraba el metafórico hilo vital de cada uno en la rueca. Láquesis quien se encargaba en determinar la longitud de la vida (medía con una regla el hilo). Y por último, Átropos, quien decidía la forma de morir, y era la encargada de cortar el hilo de la vida cuando llegaba el momento. Las tres, hermanas, decidían por tanto el destino de todo hombre, mujer, dios o diosa, llegando incluso Zeus, según algunos autores, a temerlas.

Sin duda, la antigüedad de este mito encierra la existencia de la idea entre los griegos – y posteriormente entre romanos y nórdicos – de destino como algo inmutable y establecido desde el nacimiento. Desde el momento en el que una persona nace, las Moiras ya han marcado la longitud del hilo que determinará su vida y el corte donde ésta acabará. Es irremediable. Ni que decir tiene las repercusiones sociales que esto conlleva; el prestablecimiento del destino conlleva que, en muchas ocasiones, se entienda que el individuo está destinado a mantener la posición en la que nació pues ese es el lugar donde las Moiras lo han puesto. Es vano luchar contra el destino.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *