Escévola: el Héroe de Dirraquio

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Cayo Julio César

La Historia en general, y la romana en particular, está llena de episodios bélicos Julio_Cesar-01Julio_Cesar-01memorables, dignos de la más costosa super-producción de Hollywood. Escenas de héroes que se enfrentan a ejércitos enteros y son capaces de salir ya no solo vivos, sino que además victoriosos. Hace tiempo recordamos la figura de Horatio Cocles (Horacio el Tuerto) que defendió Roma allá por los oscuros años del cambio de la Monarquía a la República. Hoy traemos otro ejemplo, mucho más moderno; el caso del centurión Esceva. Nos vamos a poner en situación rápidamente; estamos en Dirraquio hasta donde el ejército de César había seguido a Pompeyo y al Senado. La situación estaba un poco atascada, ambos ejércitos se encontraban fuertemente acuartelados y se miraban con recelos. Es en estos momentos cuando llega a Pompeyo un desertor cesariano que le hace ver que cierta parte de las construcciones defensivas de César no están terminadas y que es altamente vulnerable. El de Picenum no lo duda y organiza un ataque total contra esa sección defensiva.

Efectivamente, la zona que ataca no está terminada y las defensas cesarianas caen rápido, la batalla puede acabar en una derrota total de César. Es ahora cuando sale al primer plano nuestro centurión Escevola; clamando al deber de soldados de los que huían ante el tremendo ataque pompeyano, se sitúa en primera fila del combate para dar ejemplo y empieza a repartir con su gladius y con cualquier cosa que esté en su mano. Todo para él es un arma, incluso los cuerpos de sus enemigos.

¿No os da vergüenza no figurar en el montón de los héroes caídos y que se os busque en vano en las pira y entre los cadáveres?

Cuando consiguió desalojar de los muros cesarianos al enemigo se atrevió a ir más allá; saltó hacia las filas enemigas y siguió luchando. Mató a tantos y su espada atravesó tanta carne que la sangre dejó la hoja roma. Pero eso no es problema para Escevola. Incluso se atrevió a ser pícaro y, fingiendo rendirse, degolló a los legionarios enemigos que se le acercaron. Por fortuna para él, en ese momento llegaron los refuerzos mandados por César que hicieron retroceder a los pompeyanos y salvaron la vida de nuestro héroe.

Según nos cuenta Lucana en su Farsalia, Escévola recibió en su escudo hasta 120 agujeros de flecha. Ante esta proeza César no puso más que recompensar al propio Escévola con 200.000 sestercios y el ascenso de octavo centurión al centurión Primus Pilus, un ascenso espectacular. A su cohorte, que queramos que no también ayudó a la proeza, le dobló la paga, así como le dio grano, vestidos, alimento y condecoraciones.

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