Fabio Máximo, salvador de Roma

Toda buena historia debe tener un héroe y un villano. Es casi una necesidad ineludible si se quiere crear un relato capaz de absorber las mentes de los lectores. La eterna lucha del bien contra el mal ha llenado nuestras librerías y, más recientemente, nuestras videotecas y nos han dado horas de entretenimiento. Y claro, si estás decidido a hacer un relato histórico, la búsqueda de estos personajes, enemigos naturales y motores de la propia historia, puede llevarte a tener que exagerar la historia. Ya hemos hablado de personajes que han sido vilipendiados en pos de hacer una historia mucho más atractiva (por ejemplo Atia, madre de Augusto) y hoy traemos otro: Fabio Máximo.

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El general cartaginés Aníbal

En una famosa trilogía* acerca del gran Escipión y su guerra contra Aníbal, se hace necesario crear un enemigo acérrimo, una persona que encarna el mal y que será la oscuridad mientras el joven general es luz  sin mácula. Y este dudoso honor lo recibió Fabio Máximo, uno de los principales líderes del Senado a finales del siglo III a.C. No es que ahora vayamos a hacer un repaso de su vida destacando sus grandes virtudes, sino que más bien hablaremos de su principal logro, el éxito que permitió a Roma sobrevivir a Aníbal – e incluso a Cornelio Escipión vencer en Hispania. Y no es otra que la estrategia que recibió su nombre: la táctica Fabiana.

Pongámonos en situación; Aníbal ya ha cruzado los Alpes y ataca la península Itálica aplastando los ejércitos romanos con una facilidad pasmosa. Roma está al borde del colapso y sus aliados empiezan a dudar de la rentabilidad de mantenerse fieles. Ni siquiera ejércitos muy superiores en número de soldados habían conseguir frenar al genio cartaginés. La estrategia normal no estaba dando resultado y, lo que es peor, no tenía pinta de mejorar en otros ataques. Ante esta situación desesperada Roma entendió que había que tomar medidas excepcionales que estabilizaran dentro de lo posible la situación. La excepción se materializó en una dictadura encabezada por uno de los senadores con mayor hoja de servicio, Fabio Máximo.

Pero al contrario de lo que muchos romanos entendían que se debía hacer, Fabio optó por una nueva estrategia para enfrentarse a Aníbal, aparte de pedir un caballo. Tras tantos fracasos, volver a luchar en campo abierto contra el ejército cartaginés era un suicidio del que, posiblemente en esta ocasión, Roma no se sobrepondría. Además los ejércitos a su mando estaban compuesto casi por soldados bisoños que no habían tenido ni siquiera un entrenamiento básico. Con estas bases Fabio estudió al ejército cartaginés: un ejército compuesto en su mayoría por mercenarios de distintos reinos (númidas, iberos, galos…) alejados de sus lugares de origen y, además, un Aníbal que dependía de rutas de abastecimiento bastante endebles. Fabio entendió que los cartagineses buscaban ante todo una guerra rápida ya que era muy difícil mantener al ejército mercenario en campaña durante demasiado tiempo.

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Fabio Máximo mitificado.

Es por ello que Fabio inicia su famosa estrategia de hostigar al ejército cartaginés sin entrar en batalla directa. Esta táctica conseguía minar la moral del enemigo al que se le cortaban las vías de suministro y se le impedía una victoria clara, a la vez que le valía un sobrenombre al anciano dictador, Cuntactor (el que retrasa). Una guerra de desgaste que permitía, además, a Roma respirar un poco más tranquilo y sobreponerse a las últimas derrotas. Sin embargo, como el autor de la famosa trilogía mantiene, la estrategia parecía más cobardía que audacia y pronto las protestas afloraron en Roma provocando locuras como nombrar dos dictadores a la vez. Finalmente Fabio, que salvó de la muerte segura a su compañero dictador que sí entró en combate directo con Aníbal, cumplió su periodo como dictador y devolvió todos los poderes y el ejército que tenía al mando.

La táctica Fabiana fue abandonada hasta que el desastre de Cannae obligó a retomarla. Con ella la permanencia de Aníbal en Italia se hizo insostenible (años en Italia sin terminar de rendir Roma provocarían en los mercenarios cartagineses un deseo de volver a sus casas con lo que ya habían podido saquear), lo que unido a los éxitos de Escipión en Hispania y África, permitió a Roma salir victoriosa de una guerra que estuvo a punto de hacerla desaparecer del mapa. Fabio Máximo salvó en Roma al evitar enfrentarse directamente a Aníbal, un general brillante, a la vez que minaba la moral del enemigo que veía eternizarse una guerra que le había llevado demasiado lejos de sus hogares.

 

*Trilogía de lectura recomendada, aunque como siempre hay que tomar los datos históricos como lo que son, narraciones noveladas y amoldadas al relato.

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2 Comments

on “Fabio Máximo, salvador de Roma
2 Comments on “Fabio Máximo, salvador de Roma
  1. Estoy de acuerdo con este artículo al cien por cien
    De hecho cuando comencé a leer la trilogía de Posteguillo me pareció denigrante que mancillase a Fabio Máximo de esa forma. No todo vale para que las novelas tengan héroes y villanos. EL enemigo de esa novela tenia que haber sido Anibal que, además era un excelente villano.

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