Hispania y Sertorio.

Lucio Cornelio Sila

Que la conquista de Hispania por parte de Roma no fue fácil es algo que diversos autores nos han dejado escrito en multitud de obras. Un territorio enorme, lleno de belicosos pueblos que pasan su vida en guerrear unos contra otros en guerras eternas, poco dados a la alta diplomacia y a la paz estable. Una situación compleja que tardó alrededor de dos siglos en ser controlada, al menos nominalmente, por la todopoderosa Roma. Uno de los episodios que en nuestra opinión retrata mejor esta situación fue la guerra de Quinto Sertorio, capítulo final de la Guerra Civil que enfrentó a principios del siglo I a.C a las facciones del Senado (los Optimates de Sila contra los Populares de Cayo Mario). La compleja campaña diplomática desarrollada por Sertorio entre los pueblos hispanos puede verse como una radiografía de la situación de Roma en la península, muy alejada de estar completamente bajo control y muy variable entre unas zonas y otras. Pero antes, como siempre, tenemos que meternos en el contexto; la situación política en Roma a principios del siglo I aC era de una constante inestabilidad dominada por líderes populares que no dudaban en usar la violencia en las calles para amedrentar a sus opositores. Sertorio, sobrino de Cayo Mario, apoyó a la facción popular, y cuando estos tomaron el poder en Roma, fue enviado a Hispania en calidad de Pretor. Pero la muerte de Mario y la vuelta de Sila de Oriente a la cabeza de un ejército da un importante vuelco a la política romana. Sila se alza con el poder y declara a Sertorio enemigo de la República, y este opta por hacerse fuerte en Hispania.

Mapa de los distintos pueblos de la península ibérica.

En Hispania, los romanos habían alcanzado prácticamente todo el territorio, salvo la en la parte norte, donde cantabros y astures resistían los ataques romanos. Pero pese a esta conquista nominal, la romanización de Hispania era heterogénea y muchos pueblos mantenían su belicosa relación con sus vecinos. La posición de Roma en Hispania se basaba en recolectar los impuestos e interceder en los conflictos – constantes – entre los pueblos, principalmente si estos llegaban a mayores y
podían amenazar la recaudación. En esta situación aparece Sertorio en la península, primero como pretor legal, lo cual le sirvió para conocer de primera mano como estaba el patio, y luego como rebelde, dispuesto a aprovechar los conocimientos adquiridos. Aunque en un comienzo el enfrentamiento no le fue favorable y acabó huyendo a África, a su vuelta a la península inició una ambiciosa campaña diplomática, mejorando sustancialmente la situación de los distintos pueblos que se mostraron leales a su causa. Entre estas medidas destacan dos, la bajada de impuestos – lo cual siempre es del agrado de los que pagan – y por otra el levantamiento de la obligación de albergar a los ejércitos romanos en los poblados. Esta última obligación era muy común y útil para Roma, que debía mantener movilizado permanentemente al ejército en territorios aún no totalmente pacificados como Hispania. La diplomacia le funcionó y Sertorio pudo gozar de importantes alianzas entre los pueblos hispanos. Las victorias militares se sucedieron, y la posición de Sertorio se hacía más fuerte. En este punto nuestro protagonista empieza a crear en Hispania una estructura política a la imagen de Roma, crea un Senado como el romano en Osca (Huesca) y una Academia, donde los hijos de las aristocracias hispanas pueden llevar a sus hijos para que reciban una educación romana (¿Os acordáis de los artículos sobre la Romanización? Aquí y aquí). Pero, pese a la situación fuerte de Sertorio, por debajo la situación entre los pueblos hispanos está lejos de estar pacificada; en la zona de Bética pocas ciudades se mostraron partidarias de Sertorio y los vascones no dudaron en aliarse con Roma como respuesta a la afrenta de Sertorio de aliarse con los celtiberos. Finalmente, tras unos ocho años de resistencia, Sertorio es asesinado por sus propios lugartenientes, y poco después Pompeyo aplasta cualquier resquicio de oposición a Sila que quedaba en Hispania.

Como hemos visto, Sertorio sabe que la situación en Hispania está lejos de ser homogénea y que debe tratar cada alianza como una situación única, y que posiblemente, aliarse con uno le supone la oposición del vecino, enemigo acérrimo del primero. Un panorama esperpéntico donde Sertorio consiguió mantenerse con cierto éxito, haciendo encajes de bolillos, y lidiando con unos y otros para mantener la situación. Resulta llamativo que mientras en la zona de la Citerior, Sertorio recibió mucho apoyo, en la zona de la Ulterior apenas levantó alguna ciudad, mostrando claramente que la situación de ambas zonas, pese a la larga presencia romana en ambas, tenían una muy distinta vinculación con la metrópolis. Por otro lado, la creación de las distintas instituciones a imagen de las romanas ha hecho pensar a muchos autores que Sertorio terminó por pretender crear una Nueva Roma independiente en Hispania, y no hacerse lo suficientemente fuerte como para marchar sobre la auténtica Roma y desalojar a Sila y a los Optimates del poder.

En definitiva, los pueblos hispanos llevan a la gresca desde antes de la conquista romana, por lo que podemos volver a decir que, pese a lo que hoy vivimos, no hay nada nuevo bajo el sol. Me viene a la cabeza esa celebre frase “Beati Hispani quibus bibere vivere est” (Afortunados los Hispanos para quienes bebe es vivir).

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