La No-Austeridad Romana

Senadores con su humilde uniforme, la toga.

En una época como la actual donde desde arriba se llama repetidamente a la austeridad para afrontar los tiempos de crisis que nos azotan, conviene recordar que ya hubo medidas contra el derroche en Roma, aunque por motivos distintos. Como comentamos en el artículo sobre las Gladiatrix, los romanos les gustaba exhibir su dinero, mostrarle al resto de sus vecinos que ellos podían ir más allá, o al menos aparentar que podían hacerlo. Los textos romanos narran con todo lujos de detalles hasta donde llegaban los desmanes de los ciudadanos ricos por mostrar su éxito personal asociado a la capacidad adquisitiva. Una obsesión por demostrar que se puede ir más allá, organizando grandes fiestas, magníficos juegos o extraordinarias celebraciones fúnebres a la que se intentó poner freno. En principio era una cuestión personal, era su dinero y el romano de turno lo administraba a su cuenta y riesgo, pero el problema radicaba cuando el derrochador era un senador.

Hay que ver el asunto con perspectiva. Es cierto que, si un Senador se arruina, pierde su puesto en el Senado y, pese a lo feo que queda que los ricos de la ciudad se arruinen, todo queda más o menos en equilibrio, pues siempre habrá otro hombre rico que lo sustituya. El problema llega cuando son varios senadores los que se arruinan en un corto espacio de tiempo, y más cuando recurren a acreedores que pagan sus deudas y les permiten mantener la dignidad de senadores. Es decir, el Senado estaba compuesto por unos senadores mantenidos o por otros senadores o por lobbies extranjeros o por cualquier persona que entienda las ventajas de tener ciertos delegados defendiendo sus intereses en dicha cámara. Julio César pagó muchas deudas a muchos senadores, lo que le permitió mantener un Senado bastante amable y adepto a su causa. Incluso los hispanos manejaron hilos, y se hicieron con los servicios de algunos de estos senadores de alquiler.

Marco Porcio Catón, el Viejo, defensor de las leyes suntuarias.

Se promulgan en Roma una serie de leyes que buscan evitar la ruina de senadores y, a la vez, evitar la tentación de robo por las calles de la ciudad. No hay que olvidar que las diferencias sociales en Roma eran enormes. Ya en las leyes de las XII Tablas intentan limitar el lujo en las ceremonias fúnebres. Posteriormente las más destacadas son: la Lex Orchia y la Lex Emilia limitaban el número de platos en un banquete, así como el número de invitados y alimentos. La Lex Oppia establecía que las mujeres romanas no podían tener entre todas sus joyas y alhajas más de media onza de oro. Julio César prohibió usar trajes color granate, y Tiberio que los hombres usasen sedas. No tuvieron mucho éxito estas iniciativas legislativas, incluso algunas leyes se repetían cada cierto tiempo (era bastante común en Roma repetir leyes una y otra vez).

Al final nada consiguió parar el derroche de los ricos en Roma, e incluso los emperadores terminaron en unos dispendios excesivos, vaciando una y otra vez las arcas del Estado… aunque en esa época, con cortarle la cabeza a los acreedores y hacer borrón y cuenta nueva, todo se solucionaba… quizás en eso hemos perdido… Por otro lado estarían los colores que se podían usar, y que marcaban las clases sociales, pero eso se merece otro artículo, ¿no?

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