Las Otras Religiones de Roma: Isis

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Adaptación de Isis a la iconografía romana

Ya hemos hablado en multitud de ocasiones de la apertura religiosa de los romanos;
casi todas las religiones tuvieron su cabida e incluso algunas se incorporaron al panteón público. También hemos comentado lo permeable que era la cultura romana, cualquier civilización podía influenciarla (trilogía sobre la Romanización 1, 2 y 3), la griega es el mejor ejemplo, pero no es la única. Hoy vamos a concretar estos dos aspectos claves de la sociedad romana en un solo ejemplo: el culto a Isis. La civilización egipcia es una de esas sociedades que han cautivado a hombres y mujeres desde la antigüedad, no en vano, ya en tiempos de griegos y romanos, se la tenía por una civilización antiquísima. La influencia de Egipto sobre el mundo mediterráneo – y, por tanto, el mundo grecorromano – se hizo sentir desde fecha temprana. Pero ¿quien es Isis? Esposa de Osiris, madre de Horus, destaca por ser una divinidad que protege el trono y, en extensión, a quien lo ocupa. Ese papel protector fue el que le abrió las puertas de la religión griega y romana, carentes ambas de una figura maternal que protegiese a sus fieles.

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Arco del Triunfo de Trajano en Benevento

Y es un culto que como Mitra (aquí el artículo) se extendió rápido por Roma, sobretodo cuando la relación con Egipto fue más constante – que traducido al “romano” es cuando Egipto fue conquistado -. El escritor Tácito ya menciona que se planeó construir un templo a Isis tras el asesinato de Julio César, pero que Augusto, en su política de volver a las raíces romanas, desechó la idea. Pero, como se ha visto en multitud de ocasiones, no se pueden frenar las influencias, y ya Calígula dejó abierta la puerta al culto isiaco y a otros cultos de origen oriental (incluso constituyó nuevas ceremonias y ritos). El culto a Isis ya estaba presente en todo el Imperio, por todas las provincias prácticamente se encontraban Iseum (templos de Isis) con una actividad importante, y menos de un siglo después de la muerte de Augusto, el emperador Trajano no dudó en asociarla al culto imperial y la hizo esculpir en un Arco de Triunfo en Benevento. Una asimilación relativamente rápida que se explica, en parte, por el descontento de los romanos por su propia religión oficial, además, de gozar con la promoción de un nuevo sistema político, el imperial, al que le faltaba una divinidad protectora a la que asociarse.

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Isis amamantando a Harpócrates; esta iconografía rompe con la imagen de las diosas que tenían los romanos.

Es verdad que dioses y diosas hay muchos, y vinculados al trono hay muchos en todo el Mediterráneo… Entonces ¿Por qué Isis? La respuesta puede estar en la actitud romana, que hemos mencionado
varias veces, de paternalismo sistémico; toda figura relevante en el Imperio Romano debe presentarse cómo un padre, una persona ideal que cuida a los demás como un padre, protegiéndolos de los peligros, regalándole diversión y proporcionándole aquello que necesiten. Isis es la diosa perfecta, frente a una Juno vengativa que es esposa de Júpiter, pero a la que no se le asigna el título de reina del cielo, aparece una Isis cuyo papel fundamental es ese, una diosas asociada desde el comienzo al trono, y por tanto, reina, que protege a sus súbditos como una madre.

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