Los Orígenes de Roma

Aquí os dejamos un artículo que nos ha mandado Jesús Ricardo González Leal, que viene a completar nuestro artículo sobre la fundación de Roma:

loba luperca

La loba Luperca

La fundación de Roma en sí sigue siendo un problema a pesar de la abundancia de
material arqueológico y literario que encontramos. El problema en las fuentes escritas reside, precisamente, en la distancia que hay entre la fundación de la ciudad y la fecha en la que se escribieron tales documentos bastantes alejados del evento en sí: el primero en recopilar estos escasos datos fue el autor Fabio Píctor, en el siglo III a.C., que data la fundación de la ciudad en el año 753 a.C. seguido después por autores de la talla de Tito Livio o Virgilio en el siglo I a.C. lo que demuestra la problemática que tenemos hoy en día para poner fecha y acontecimiento a la ciudad.

Asimismo, Virgilio, poeta de la corte de Octavio Augusto, sobrino de Cayo Julio César y primer emperador de Roma (dinastía Julia-Claudia) nos legó un escrito (La Eneida) donde parece dar un origen legendario a la fundación de la ciudad y que goza de cierta veracidad histórica. El principal problema reside no en el uso de la mitología (recurso muy frecuente en los escritos antiguos para justificar acciones de héroes), sino en la afinidad política que éste autor sintió por el régimen de César Augusto.

Las fuentes literarias: la Eneida y los orígenes legendarios.

El poeta Virgilio con dos musas en un mosaico del Museo Bardo de Tunez

El poeta Virgilio junto a dos musas.

La Eneida es una epopeya inacabada donde un héroe troyano hijo de la diosa Venus, Eneas, va a parar a las costas de Cartago con un grupo de personas donde también está su hijo Iulo Ascanio. Allí se entrevistará con la Reina Dido a quien le contará todas las aventuras que ha vivido y ésta acabará por enamorarse de Eneas quien vacila a la hora de marchar, pero su madre, la diosa Venus, le recuerda que debe partir hacia las costas italianas porque ha de fundar la “Ciudad de Marte” (Roma, como también queda designada en el libro) de donde saldrá la raza de los Romanos. Eneas, finalmente, decide partir y ello provoca el suicidio de la hermosa Dido. Finalmente, Eneas llegará a las costas del Lacio donde conoce al Rey Latino que tiene a una hija llamada Lavinia y que tomará por
esposa no sin antes medirse a Turno, rey de los rútulos que también pretende a Lavinia. Tras vencer al mismo, Eneas contrae matrimonio con Lavinia y funda una ciudad a orillas del Tíber: Lavinium. Tras la muerte de su padre, su hijo, Iulo Ascanio fundará otra ciudad: Alba Longa.

Tras una serie de reyes en Alba Longa, Numitor es depuesto por su hermano Amulio y obliga a Rea Silvia a ser sacerdotisa vestal de tal forma que siempre permanezca virgen y no pueda darle herederos que lo aparten del trono, pero Rea Silvia es tomada por el dios Marte y dará a luz a dos hijos, Rómulo y Remo que serán abandonados por su tío en el Tíber, donde serán recogidos por una loba que los amamantará en la colina del Palatino hasta que Fáustulo, pastor, los recoja y los críe como a hijos suyos. Al crecer, su verdadero linaje les fue rebelado y mataron a Amulio, instaurando de nuevo en Alba Longa a su abuelo Numitor y fundando una nueva ciudad en la colina donde la loba los había amamantado: Roma.

Finalmente, varias discusiones de los hermanos llevaron a Remo a pelearse con Rómulo y éste dio muerte a su hermano: Rómulo se había convertido en el primer rey de Roma.

Las fuentes arqueológicas

Dejando atrás las fuentes escritas y legendarias, nos centramos ahora en las fuentes arqueológicas: ya en el siglo X a.C. aparece la llamada cultura lacial (1000-580 a.C.) donde se va desde las primitivas zonas preurbanas hasta la aparición de verdaderas ciudades. Es cierto que el primero de los poblados romanos se asentó en el Palatino (tal y como atestigua la leyenda).

Hay poblamientos de pequeñas aldeas que se articulan en ciertas zonas. Las nuevas zonas evidencian nuevas áreas de enterramiento (Quirinal y Esquilino) y una nueva colina habitada (Capitolio). Ello implicaría un crecimiento demográfico que llevó a la sociedad de su tiempo a formar los primeros enclaves protourbanos. Así mismo, también aparecen construcciones con motivos militares y defensivos (fosos, muros de tierra). Es muy probable que incluso se hubieran elegido tales colinas para defenderse de los ataques exteriores al estar en lugares elevados, lo que facilitaría su defensa.

Las primeras casa que nos encontramos en el Palatino no son más que pequeñas cabañas circulares, dando a entender que hay una sociedad poco organizada a diferencia de lo que se verá más hacia delante (725-580 a.C.) donde las cabañas empiezan a sustituirse por casas rectangulares de piedra, probablemente, favorecido por la “orientalización” de Roma (apertura a los influjos culturales que proceden del Mediterráneo). Tras este período ya se puede considerar a Roma como una ciudad, destacando, también, el fin de las uniones entre aldeas (es muy posible que más que uniones fueran meras federaciones conseguidas tanto de buen grado como por la fuerza pero sin una pérdida de autonomía) para pasar a ser una población unitaria. La aparición de templos a Júpiter, Minerva, o Juno nos da a entender que ya hay una sociedad jerarquizada con su consecuente desigualdad social. Esto también puede comprobarse a través de los ajuares funerarios por inhumación (cuanto más grande es el ajuar, mayor nivel jerárquico tendría el difunto). La aparición de templos conlleva a la aparición de un cuerpo sacerdotal y de líderes religiosos cuyas vidas estarían consagradas a los dioses.

La aparición de fosos, murallas de tierras y demás elementos defensivos dan a entender, primero, que estamos ante una sociedad belicosa que trataba de defenderse de algo (probablemente los etruscos), y segundo, que tiene que existir una aristocracia guerrera y un líder, alguien que ordene y mande, una figura que imponga respeto para que tales obras sean realizadas por la gran masa de la población que, probablemente, se dedicaría a la agricultura y la ganadería, así como una primitiva extracción de metales.

Conclusiones

Julio_Cesar-01

Cayo Julio César

Lo cierto es que parece ser que Roma fue, en su principio, un poblado de ladrones y proscritos que, ante la carencia de mujeres, decidieron “robárselas” a sus vecinos sabinos con los que tendrían conflictos (conocido episodio del rapto de las sabinas) por ello. Estaríamos hablando de los tiempos de Remo como primer rey de Roma. Entonces ¿por qué la Eneida? ¿Para qué una epopeya debe explicar el origen de la ciudad? Dos razones hacen que el libro de Virgilio sea “necesario”.

La primera de dichas razones es que fue encargada por el emperador Octavio Augusto, sobrino e hijo adoptivo del político, militar y escritor Cayo Julio César y con ello trataba de darle un origen divino a su persona para afianzarse en el poder: Iulo Ascanio parece ser el hombre que dé la gens Julia (Iulo-Julio) y es el antepasado común de la familia de los Julios. Al estar éste unido a Eneas que, a su vez, es hijo de Venus, lo que logra es darle a la figura del emperador César Augusto una imagen de divinidad, un heredero de Venus y que, además, participó en la fundación de la mítica ciudad eterna que llevaría por nombre Roma. Así el emperador conseguía dos cosas: la primera es que la imagen del emperador apareciese como la de un dios ante el pueblo romano por cuya sangre, además de tener componente divino al estar tocado por Venus, estaba ligado con una de las primeras figuras que causaron la fundación de Roma: Iulo Ascanio, hijo de Eneas, nieto de Venus.

La otra razón es que Roma, la ciudad eterna, la dominadora del mundo, no podía tener un pasado oscuro y turbulento. Su pasado no podía estar ligado a unas tribus de delincuentes que se dedicaban a robar mujeres a sus vecinos sabinos. No. Roma tenía que ser divina, estar en contacto con los dioses, y de ahí su relación con divinidades como Marte (en los versos de la Eneida Júpiter le asegura a Venus que verá levantada las murallas de la ciudad de Marte cuando Eneas llega a Cartago y que sus habitantes serán llamados Romanos.) o la propia Venus (madre de Eneas). Igualmente, es posible que se buscase una unión de lo griego con lo romano. Lo griego era prestigioso pues, culturalmente, Grecia era superior a Roma, y no fueron pocas las figuras romanas que sintieron una gran curiosidad por el mundo heleno (Publio Cornelio Escipión “Africano”, por ejemplo). Esto puede verse en que Eneas es un héroe troyano, una ciudad muy vinculada al ámbito helenístico. Así vemos que a través de la Eneida Roma ha dejado de ser un poblado de proscritos para pasar a ser una ciudad ligada al prestigioso mundo griego, y, además, tocada por los dioses. ¿Cómo si no podría la eterna ciudad haberse erigido en dominadora del mundo sin el apoyo de los dioses del Olimpo?

A pesar de su oscuro pasado Roma logró lo que nadie había conseguido en la antigüedad: crear un vasto imperio y mantenerlo durante cientos de años hasta la caída de la misma ciudad por obra de Odoacro en el 476, hasta el 1453 si tomamos la referencia de Constantinopla tras la división del imperio en el 395 en las figuras de Arcadio y Honorio.

Sea como sea, aquella población de malhechores, sin pensarlo, fue tocada por sus dioses. Así queda reflejado en el capítulo VII de la Eneida “Flectere si nequeo superos, Acheronta movebo” (Si no puedo persuadir a los dioses del cielo, moveré a los de los infiernos).

One Comment

on “Los Orígenes de Roma
One Comment on “Los Orígenes de Roma
  1. Un artículo muy interesante. Es una pena que la mayor parte de las investigaciones que se han realizado y siguen realizándose respecto a los tiempos arcaicos y los orígenes de Roma no se traduzcan y publiquen en España, porque realmente nos perdemos informaciones muy importantes que arrojarían mucha más luz sobre todo este asunto. No es éste el lugar para hablar largo y tendido sobre ello, pero quiero apuntar simplemente que hay abundantísimos estudios (y, además, muchos de ellos reunidos sistemáticamente) que analizan tanto las fuentes arqueológicas como las literarias y las comparaciones con otras leyendas (especialmente de raíz indoeuropea, cultura a la que pertenecían los latinos) y concluyen que la leyenda de los gemelos es puramente romana (y no griega como algunos pensaban, aun cuando existan en su corpus algunas incorporaciones tardías griegas) y en su núcleo central se remonta al siglo VIII a.C.
    Por mi parte, estoy preparando una trilogía de novelas sobre la fundación legendaria de Roma – de la que ya he concluido el primer volumen – y por ese motivo me he documentando a fondo. Para mí, uno de los estudios más interesantes es el que se recoge en “La leggenda di Roma”, obra que recoge exhaustivamente todos los textos de las fuentes antiguas, en versión original y en su traducción al italiano, seguida de un análisis, mitema por mitema, de los diversos especialistas. De esta obra, hasta la fecha, sólo han salido 3 volúmenes, estando previsto un cuarto. El inconveniente para el lector español es que sólo se la puede comprar en Italia, está escrita, obviamente, en italiano y para su completa comprensión es preciso tener algunos conocimientos previos.
    Por mi parte, aspiro a acercar esa leyenda (que obviamente no podemos confundir con hechos reales, pero sí tienen la antigüedad de la que hablábamos antes) al público interesado. La prueba de la importancia de las leyendas viene reflejada en este propio artículo, cuando se señala el interés de Augusto por prestigiarse y prestigiar a su familia mediante la vinculación a Eneas.
    Saludos cordiales.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *