Los romanos y el mar en tiempos de la República

Este artículo nos lo envía Javier Ramos (@javieramosantos), esperamos que os guste.

La Roma arcaica vivía de la agricultura y se preocupaba poco del mar. Incluso durante la columna-de-trajano-detalle-barcosconquista de Italia, los romanos adquirieron muy poca experiencia en los artes de la mar;
además, sus primeros intentos para actuar con flotas propias produjeron resultados funestos. Aunque en el año 241 antes de Cristo Roma dominaba todo el Mediterráneo occidental, no mantenía ninguna flota propia. Después de haber conquistado los estados griegos en el este, el poder naval romano declinó hasta tal punto que en el año 70 a.C. incluso los piratas amenazaban el suministro de alimentos. Pero la enérgica campaña organizada por Pompeyo en el año 67 a.c. erradicó a los piratas y, a partir de entonces, los romanos siempre conservaron una flota que desempeñaba las funciones de patrulla y que vigilaba las rutas navales del Mediterráneo. Además, la flota se había hecho imprescindible para defender la fronteras del Imperio.

Los romanos introdujeron pocas innovaciones en la construcción de sus buques de guerra: éstos se asemejaban mucho a los diseños griegos. Sin embargo, las primeras victorias navales romanas contra Cartago se debieron, en parte, a un invento romano: el corvus (cuervo), un puente levadizo equipado con un perno de hierro, que podía bajarse sobre la cubierta del buque enemigo, facilitándoles a los bien armados marinos romanos tanto el abordajes como la victoria. El corvus resultaba ser un arma efectiva, aunque tenía la desventaja de que los barcos equipados con él eran sumamente pesados en la parte superior (cubierta), lo que dificultaba la navegación; más tarde abandonaron esta innovación.

17_Quinquerreme_fenicia

Sección de un Quinquerreme

Después de haber iniciado la guerra contra Cartago, los romanos se dieron cuenta de que les urgía disponer de una flota armada. Así que capturaron un buque de guerra cartaginés, que utilizaron como modelo para construir una flota de 120 barcos de similares características en apenas 60 días. Sin embargo, las victorias les servían de poco, ya que los marinos romanos eran tan inexpertos que muchos de sus buques se perdieron en tormentas. A pesar de ello, fueron perfeccionando sus conocimientos marítimos, mientras que la náutica cartaginesa declinaba cada vez más al reclutar hombres inexpertos para suplir sus bajas. Finalmente, en el año 241 a.C., frente a las costas sicilianas, los romanos ganaron la batalla naval definitiva, y obligaron a los púnicos a abandonar la guerra.

El quinquerreme era el típico buque de guerra empleado durante las guerras púnicas. Con probabilidad, su nombre se debe al hecho de que se precisaba de cinco hombres por sección (dos en el orden superior y medio, y uno en el inferior). Cada tripulación estaba formada por unos 300 hombres; las galeras luchaban con espolones o trataban de abordar a los buques enemigos. Las galeras con remeros lograban alcanzar velocidades de hasta 12 nudos y, aunque muchas veces navegaban con velas, éstas siempre se bajaban y ataban antes de iniciar una batalla. Durante el tiempo del Imperio, el típico buque de guerra fue sustituido por una galera más pequeña, conocida como liburna, con dos bancos de remos un hombre para cada remo. La tripulación contaba con un total de tan solo 40 o 60 hombres.

003_LIBURNA

Liburna

Los barcos romanos se construían siguiendo la más antigua tradición mediterránea, que se remonta a tiempos de Homero o incluso anteriores. Primero se colocaba la quilla y después, se añadían los tablones del casco, que se elaboraban con sumo cuidado para que encajaran perfectamente, con
uniones de cubrejuntas exteriores, mortajas y ensambles a espiga. El interior del casco acabado se reforzaba con cuadernas, formando el armazón, y después se añadía la cubierta. Este método resultaba caro y lento, y además implicaba mucha mano de obra, pero con el gran número de esclavos a su disposición, el tiempo no preocupaba a los romanos, y los elevados oses se compensaban con la extremada resistencia e impermeabilidad de los buques. Algunas veces, para contar con una mayor protección, se enceraba la madera, en otras ocasiones se cubría con tedios tratados con alquitrán y placas de plomo que se adherían al casco como protección contra los gusanos que atacaban y perforaban la madera. Estos complementos dificultaban la capacidad de maniobra de algunos buques mercantes, sobre todo durante las tormentas, ya que no les permitían navegar siguiendo la dirección del viento. Pero contaban con la ventaja de ser barcos extremadamente robustos y capaces de transportar grandes cargamentos.

gorgona-corbita

Corbita

El buque mercante romano más común era la corbita, un velero tosco de casco redondo, con la proa y la popa curvadas, y con una capacidad de carga de 70 a 350 toneladas. En circunstancias normales, las corbitae navegaban a una velocidad de tan solo 3,5 nudos, pero resultaban muy seguras en alta mar y realizaban trayectorias hasta la India. Los buques de carga más grandes eran los que transportaban el grano, que se traía de Egipto. Cuando estos mismos buques se usaban para pasajeros, podían albergar a más de 600 personas.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *