Marco Furio Camilo, Segundo Fundador de Roma

Hoy vamos a comentar la vida de uno de esos grandes protagonistas que marcaron de forma determinante el devenir histórico de Roma; Marco Furio Camilo, conocido y aclamado como “Segundo Fundador de Roma”. Nos movemos en un terreno complicado; a la ausencia de fuentes directas – finales del siglo V y principios del IV – se suma que los autores que nos narran sus peripecias no son famosos por describir las cosas desde una impoluta imparcialidad. Pese a todo, de su realidad histórica no debemos dudar; existió un personaje en los convulsos años previos al fin del Conflicto Patricio-Plebeyo (del que ya hemos hablado aquí)que jugó un papel principal en los acontecimientos. Poco sabemos de la infancia y juventud de Marco Furio Camilo, aunque podemos suponer que creció en el seno de una familia acomodada de origen patricio, de la familia Furii cuyo origen estaba en Tusculum, su padre llegó a Pontificex Maximus y tuvo dos hermanos que alcanzaron importantes magistraturas. Su valiente actuación durante una batalla le permitió acceder a una magistratura; los autores dicen que Tribuno con poderes consulares, una magistratura de la República Temprana, desde donde empieza una meteórica carrera militar que estará salpicada por grandes triunfos.

Representación renacentista de unos de los tres triunfos que llegó a celebrar Marco Furio Camilo.

La vida de Furio Camilo, según las fuentes, nos dejan una muestra de cómo era la realidad política de una Roma que luchaba por sobrevivir en una Italia en guerra continua mientras se desangraba internamente. Las constantes guerras, en ocasiones incluso contra enemigos que supuestamente ya estaban derrotados, unido a la cantidad de episodios rocambolescos que acompañan los hechos históricos, son muestras de periodos turbulentos e inestables, del que los propios romanos sabían poco. El episodio militar más característico, y posiblemente de donde nace la fama a nuestro protagonista, viene del saqueo y ocupación de Roma por parte de un ejército galo comandado por un tal Breno. Es curioso porque, según nos cuentan Plutarco y Tito Livio, Furio Camilo se encontraba exiliado de Roma, acusado de malversación de fondos con el botín de una victoriosa campaña contra la muy poderosa Veyes. Se presenta aquí nuestro protagonista como un brillante militar calumniado por sus envidiosos ciudadanos que, pese a todo, acude a la llamada de Roma para librar a la ciudad del control de Breno. (Algunos autores modernos han apuntado hacia la posibilidad de que fuese un ejército etrusco el que liberase a la ciudad, pero esto sería un negro capítulo que los autores del siglo I estarían muy interesados en “modificar”).

Lo cierto es que parece ser el encargado de gobernar la ciudad tras el desastre de la ocupación gala, una tarea titánica en la que aparecen capítulos típicos de la narrativa histórica romana como la intención de abandonar una Roma desolada para asentarse en la derrotada Veyes, una ciudad muy bonita y con mejores defensas. Lógicamente, una discurso apasionado de Furio Camilo hace recapacitar a estos “traidores”. Pero el problema en Roma tras la expulsión de los galos no estaba en la destrucción física de gran parte de la ciudad, si no que continuaba desangrándose socialmente en una disputa entre Patricios y Plebeyos. En un examen de conciencia con pocos paralelos en la Historia, Furio Camilo entiende que la situación de desigualdad entre patricios y plebeyos empieza a ser insostenible, y esa división ha provocado los negros acontecimientos pasados, muchos de los cuales él mismo ha sido protagonista. Por ello, aprovechando su situación como dictator de Roma, apoya la aprobación de las leyes Licinia-Sexta, que entre otras cosas, supusieron la apertura del consulado a las personas de origen plebeya. Para celebrar la unificación de la sociedad romana se construye un nuevo templo en honor a la Concordia.

Como vemos, la vida de Marco Furio Camilo, de la que podemos encontrar biografias más al uso por la red, está marcada por un contexto de debilidad romana, fruto de una división enconada en el interior, y un escenario internacional de guerra constante. Las fuentes del siglo I ante la acuciante necesidad de sacar brillo de capítulos oscuros de la Historia de Roma no dudan en adornar con todo tipo de episodios legendarios – o incluso cambiar los hechos – para mayor gloria de los protagonistas (o en ocasiones, del mecenas de turno que necesitaba mejorar la hoja de servicio de sus antepasados) y de Roma, la capital del mundo civilizado. No hay duda que Furio Camilio existió, y jugó un importante papel en los acontecimientos, pero no debemos dejar llevarnos por la euforia patriótica del momento, rara vez en la Historia el curso de los acontecimientos cambia radicalmente por la acción de una sola persona que actúa de forma solitaria.

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