Más vale una cicatriz que mil palabras

Es bastante conocido el dicho que reza “más vale una imagen que mil palabras”; es un lema que la publicidad actual tiene como base para la mayor parte de su trabajo. También la tenían los romanos, de ahí la gran cantidad de estatuas, relieves y pinturas que mostraban a los grandes dirigentes realizando gestas heroicas o a personajes de antaño y dioses realizando los trabajos más impresionantes para el bien de Roma. Claro está que pese al fino desarrollo de la publicidad que se dio en Roma y que marcó un antes y un después en la propagandaCayo Mario política, los carteles electorales que hoy en día inundan nuestras calles aún no se habían hecho populares y los diferentes candidatos debían buscar una manera de mostrar la imagen de ser dignos de ser elegidos de formas algo más directas.

Algo de esto debió pasársele por la cabeza a nuestro conocido Cayo Mario, un homo-novus, llegado de las aristocracias rurales y que se había hecho un hueco en la esfera pública gracias a un genio militar muy superior a la de sus coetáneos. Y así, a pesar que no destacaría como un político excesivamente hábil, supo ganarse el favor de los votantes en las elecciones cuando expresó la siguiente frase:

No puedo hacer ostentación, para hacerme creíble, de retratos o triunfos o consulados de mis antepasados, pero sí en cambio, si la ocasión lo demanda, mostrar lanzas, un estandarte, faleras y otras condecoraciones militares, amén de las cicatrices que recibí dando la cara. Estos son mis retratos, esta mi nobleza, no recibida en herencia, como la de ellos, sino la que yo me he ganado a base de muchísimos esfuerzos y peligros

O dicho más llanamente; no os puedo decir que sea un hombre con unos antepasados gloriosos, pero tengo cicatrices en el cuerpo que os demuestran que tengo valor suficiente para ser elegido cónsul. Y es que en la antigua Roma se entendía que las cicatrices obtenidas eran marcas de valor e incluso se esperaba que se recibiesen para poder demostrar la osadía del individuo. Esto nos explica porqué la caballería romana durante la República, coto exclusivo de las élites, iban débilmente protegidas: en su mentalidad estaba el hecho que era muestra de valor ir poco protegido al campo de batalla e incluso adoptar estrategias que eran sumamente arriesgadas.

Es esa idea que ya hemos mencionado de los romanos; no importa ser esto o tener aquello si no puedes demostrárselo a los demás. No importa tener mucho dinero si no puedes organizar grandes juegos que demuestren tu opulencia, no importa lo valientes que hayas sido en una batalla si vuelves sin un rasguño a casa. Estos romanos están locos…

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