Mujeres romanas: Acilia Plecusa

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Matrona romana

Que la sociedad romana era eminentemente masculina es algo indiscutible; la mujer se quedaría en un segundo plano dedicada a las tareas domésticas. Sin embargo la realidad siempre tuvo ciertas excepciones que demuestran que en ocasiones hay personas, mujeres en este caso, que saben marcar un camino propio y sobresalir pese a las privaciones que a priori tenía. En la historia de Roma hay muchos casos de estas mujeres, pero hoy nos centraremos en una sola: Acilia Plecusa. Es cierto que sabemos poco sabemos del origen de nuestra protagonista salvo que era esclava de Manio Acilio Fronto, un eques afincado en Singilia Barba (cerquita de Antequera) que había alcanzado el cargo de praefectus fabrum. Sobre el nomen Plecusa no podemos sacar muchas conclusiones; aunque de origen griego durante el siglo II se puso de moda ponerle nombres helénicos a los esclavos, seguramente para darle un toque de calidad (como hoy en día poner lemas en inglés).

Sea como fuera, Acilio Fronton le tomó bastante cariño a su esclava Plecusa hasta el punto de tener un hijo con ella, al que llamó Phlegons. Como marcaba la legislación romana, el niño tomó la condición de la madre y se convirtió en esclavo (sí, el hijo era esclavo del padre). Sin embargo parece que la relación entre Acilio y Plecusa siguió evolucionando hasta que, en un momento dado, Acilio decide liberarla (manumitirla) y casarse con ella. No es una acción extraña; muchos libres se casaban con sus propias libertas. Lo excepcional de este caso era que no resulta habitual este tipo de matrimonios entre personas con dinero. Sin embargo, como decimos, aunque raro hay muchos casos documentados en el Imperio. Debemos entender que con la manumisión de Placusa, que pasaría a llamarse Acilia Plecusa, también vendría la del hijo en común, Phlegons. La cuestión es que aún llegó un nuevo hijo, en este caso una niña que recibió el nombre de Acilia Septumina. Esta nacería libre y legítima.

Hasta aquí, dentro de la excepcionalidad mencionada, todo normal. Pero lo llamativo es que toda esta historia la conocemos por la propia Plecusa; de todo el registro epigráfico hallado en la antigua Singilia Barba, un alto porcentaje tiene relación con Plecusa cuando no fue ella misma quien mandó escribirlo. En contraposición su marido solo nos es mencionado en un epígrafe, mandado levantar por la propia Plecusa, en la cual lo denomina “patronus et maritus” (patrón y marido). Y es que la cosa va más allá; no solo Acilio Fronton desaparece del registro epigráfico, sino que vemos a Acilia Plecusa cumpliendo su papel evergético (recordamos el papel de los ricos en Roma), siendo honrada por el propio municipio e incluso haciéndole la pelota pertinente a un alto magistrado provincial.

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Mausoleo de Acilia Plecusa en el museo de Antequera.

En resumen; Acilia Plecusa ha ocupado el papel destinado socialmente a su marido quien ha desaparecido del panorama público (presumimos que murió poco después de la boda) y ha tomado una posición de preeminencia que, pese a su condición de mujer y liberta, todo el municipio le presta homenajes constantes. Tal llegó a ser su posición que sus nietos, en sus epígrafes, nos recuerdan por encima de todo que son nietos de Acilia Plecusa, sin mencionar a Acilio Fronton o a sus propios padres. Sin duda nuestra Acilia Plecusa fue una mujer brillante, que supo jugar en el complejo campo de la masculina sociedad romana y salir victoriosa.

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