¿Quieres ser pretoriano?

Hace ya un tiempo os animamos a todos a considerar vuestro futuro en las legiones romanas; una oportunidad maravillosa de conocer rincones mágicos, conocer gente estupenda que te quieren matar y, por supuesto, ganarte unos denarios entre sueldo y rapiña. Sin embargo sabemos que la ambición se encuentra entre vuestras aptitudes y las legiones se os quedan algo pequeñas. Para ello os escribimos esta pequeña guía de los pretorianos. Sobra decir que aquellos que no cumpláis con los requisitos para ser legionario podéis ir olvidando entrar en los pretorianos. Roma os necesitará en otros menesteres… quizás en alguno que requiera pensar más y moverse menos.

Relieve de pretoriano vestido a la ligera.

Relieve de pretoriano vestido a la ligera.

Pero antes un poco de historia, para saber donde nos estamos metiendo. Las unidades pretorianas son creadas por “César Octaviano” tras su victoria en Accio con el principal cometido de servir como guardia de corps para el emperador y su familia. Es lógico pensar que no supuso una idea revolucionaria, durante las guerras civiles la necesidad de los distintos comandantes de protegerse con una unidad de élite específica era algo común, e incluso, rastreando un poco, podemos ver esta costumbre en los siglos anteriores. Sin embargo, como decimos, será “Octaviano” quien los institucionalice y Tiberio quien les dé “casita” en Roma, la Castra Praetoria. El número de cohortes pretorianas y su composición variará con el tiempo, adaptándose a los momentos que les toca vivir. Así en época de crisis, como el año 69, el número de cohortes pretorianas llegó a 16 (frente a las 9 de época augustea).

La guardia, por tanto, tenía un contacto constante con el emperador. Hacía guardia en palacio, le acompañaba en sus viajes y lo protegía cuando osaba aparecer en el campo de batalla. Un contacto tan directo que se traducía en unas condiciones de servicio excepcionales y una triste capacidad de imponer opiniones en Roma. El pretoriano servía menos años que un legionario, tenía más posibilidades de promocionar y cobraba más (esto hay que achacarlo, también, en el coste de vida que supone vivir en la capital y no en un rincón del Imperio). A cambio el emperador le exige una lealtad por encima de toda duda (que ya sabéis que no terminó de cumplirse) y un riguroso plan de entrenamiento – mayor quizás que el de sus hermanos legionarios – que hacían de los pretorianos unos soldados excepcionales que daría gusto ver desfilar con sus uniformes blanco o rojo.

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Pretorianos vestidos con el uniforme de campaña

Si todo esto te ha motivado vamos a pasar a comentar los requisitos. Para formar parte de la guardia pretoriana solo tendrás que cumplir dos requisitos fundamentales aparte de los que debes cumplir para ser legionario; medir más de 1,75 metros (lo que en esa época te convierte en un gigante) y llevar bajo el brazo una carta de recomendación de alguien importante que convenza al prefecto. No sería nada raro que las pruebas físicas, que compartían con los legionarios, tuvieran en el caso de los pretorianos un toque más extremo, un punto más allá para garantizar que eres un auténtico romano fuera de serie. No debes preocuparte por tu origen; aunque en un principio solo se aceptó a ciudadanos provenientes de la península italiana, pronto la guardia se abrió a otras provincias, entre ellas todas las hispanas.

Así que, si te crees en condiciones de cumplir los requisitos y lo tuyo es proteger al Princeps y su extraña familia, solo te queda conseguir la recomendación y marchar a Roma para presentarte como candidato a pretoriano. Si no te aceptan siempre te quedarán las legiones o los urbanicii… o volver llorando a casa y con menos dinero.

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