¡Quiero ser cónsul!

Alcanzar el poder siempre ha sido para muchos algo tan importante como respirar. Incluso la única razón para hacerlo. Ya sea por la sensación de superioridad, por el ansia de sentirse importante o por la simple erótica del poder desde siempre el ser humano se ha organizando en cadenas de mando ya sean más conscientes de ello o no. En la Roma republicana esta cuestión pasaba por el ejercicio de las distintas magistraturas en las que la administración se dividía, un camino de puestos de responsabilidad que llegaba hasta el consulado, máximo cargo del sistema. Cierto es que ese camino de baldosas amarillas hasta el poder máximo no estará bien regulado hasta finales de la República, cuando los senadores ansiosos por el poder estimaban oportuno apuntar directamente a las magistraturas más altas, dejando los tediosos pequeños cargos en manos de los miembros menos ambiciosos.

M. Licinio Craso, considerado el hombre más rico de su época.

Si os preguntáis cómo era posible que jóvenes ambiciosos inexpertos alcanzarán puestos de responsabilidad tenemos que fijarnos en el sistema de elección. En Roma existían una serie de asambleas populares que, entre otras funcionas, eran las responsables de aclamar los magistrados para el año. No entendamos este sistema como una democracia, era un sistema de elección indirecta y fácilmente manipulable donde la opinión individual era prácticamente inservible. Y es aquí donde reside nuestra oportunidad para alcanzar nuestras ambiciosas metas políticas; tenemos que saber manejar a una asamblea para que decida lo que nosotros queremos. Ahora tenemos que decidir si queremos ser más o menos sutiles, porque métodos hay muchos. Por ejemplo Marco Licinio Craso, el que formó triunvirato con Julio César y Cneo Pompeyo Magno, tenía en nómina a prácticamente toda Roma – de una forma u otra – y cuando se presentó a cónsul solo tuvo que recordar las deudas que muchos tenían contraídas con él. Pero éste es el método sutil, por otro lado están la utilización de la violencia para influir en la asamblea. Es una forma un poco brusca, la verdad, y puede tener consecuencias imprevisibles, pero fue bastante común en los últimos años de la República. Aquí podemos ver un ejemplo de esta forma de “influenciar” en las asambleas.

Sin duda es el poder un caramelo envenenado; alcanzar el poder no era un camino barato y, una vez alcanzado, aún era más caro de mantener. Además gran parte de la legislación romana al respecto de las tareas públicas mantenían un férreo control sobre las cuentas y la obligación del magistrado de sufragar de su propio bolsillos muchas de las obras y espectáculos que llevase a cabo. Por tanto, antes de decidirte a alcanzar el poder pregúntate si puedes con tanto gastos… y con tantos enemigos.

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One Comment

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One Comment on “¡Quiero ser cónsul!
  1. Un artículo excelente, pero hay un pequeño error, que creo, se debería cambiar. El primer triunvirato -además de privado- fue hecho por Cayo Julio César, Marco Licinio Craso y Cneo Pompeyo Magno. El segundo triunvirato ya es el que tiene a Marco Antonio, César Augusto y Lépido.

    Por lo demás, un artículo muy bueno y acertado. En Roma era muy normal la manipulación de las asambleas, como bien se ha dicho en el artículo, ya fuera para favorecer los asuntos de uno u otros.

    ¡Seguid así, mucho ánimo!

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