Titulitis Imperial.

Augusto fundador del imperio.

Antes de hablar de los diferentes títulos que podía ostentar un emperador romano, conviene a modo de contextualizar, qué era realmente el Imperio Romano. Lo primero que nos viene a la cabeza para explicar qué era el Imperio en sus comienzos es, simplemente, una ilusión; Octavio fundó un imperio manteniendo siempre las apariencia de mantener la estructura republicana, estableciéndose como un dictador que velaba por la recomposición de la propia República después de prácticamente un siglo de guerras civiles. La necesidad de cerrar la hemorragia que azotaba (y debilitaba) la República, mezclado con una política propagandística en favor de Octavio, que se hacía llamar César (pues fue adoptado por este, y como vimos, eso supone la adopción del nombre paterno y, por otro lado, que todo lo que se atribuía al padre, se le atribuía al hijo adoptivo, como si fuera natural), y la escasa resistencia de un Senado mermado, provocó que se iniciara la época imperial, bajo la denominación de Principado.

Marco Aurelio dejó un gran recuerdo, pero escogió como sucesor a su hijo, Cómodo, que no fue buen gobernante.

Para mantener las apariencias republicanas Octavio echó la vista atrás y rescató la figura del Princeps Senatus, un título honorífico que ostentaba el senador de más edad, y que tenía atribuidas ciertos privilegios como ser el primero en ser escuchado en las sesiones. Esta figura no deja de ser Primus Inter Pares (El Primero entre Iguales), y mantenía las formas, pues Octavio no era más que eso, un senador igual que el resto, pero por su papel en la restauración de la República, se le concedió pese a su juventud, ser el Princeps Senatus. Pero la realidad era que mientras mantenía las formas, controlaba el ejército, tenía prerrogativas de dictador, y, aunque esto es más anecdótico, se hizo con el cargo de Pontifice Máximo. Con el tiempo, con un Senado totalmente afín, se le concedió el título de Augusto, que lo marcaba como un ser humano divino (que no un dios), con lo que añadía a su nombre el título; Cayo Julio César Octaviano Augusto.

Se había creado un sistema político nuevo, bajo las fórmulas republicanas, se creó un sistema donde había un gobernante, el príncipe, que trabajaba codo con codo con el Senado, aunque a veces esta relación fue un fracaso, y otras veces, un éxito. Para la sucesión, el ahora Augusto utilizó la adopción del mejor hombre de Roma, con lo que su sucesor recibió el nombre de César, y con el tiempo, se tomó como costumbre nombrar al emperador Augusto. De esta manera tanto César como Augusto pasaron de ser nombres, a ser los títulos institucionales de los gobernantes.

Diocleciano introdujo numerosas reformas en el Imperio, institucionalizando las realidades absolutistas del emperador.

Pero el sistema fallaba, los Príncipes fueron tomando cada vez más poder, intimidando con la violencia, y el Senado era más honorífico que otra cosa. Además a los emperadores le salían usurpadores que, al mando de ejércitos, y bajo promesas de riquezas para todos, iniciaban unas guerras instestinas que desangraban a Roma. Para mejorar el control del Imperio Diocleciano, a finales del siglo III d.C., reforma el gobierno, el Senado apenas pinta ya nada (termina convirtiéndose en el ayuntamiento de la ciudad de Roma), divide el Imperio en dos, occidente y oriente, y estos a su vez en otros dos. Crea una diarquía, hay dos emperadores, que gobiernan juntos, uno sobre Oriente y otro sobre Occidente, ayudado por su sucesor. De esta forma, el emperador recibe el título de Augusto, y su sucesor (y ayudante) el de César.

Paralelamente a este proceso, el emperador ya es oficialmente denominado Dominus, señor, (algo que de lo que quedan algunos ejemplos anteriores) convirtiéndose en la personificación de la propia Roma, lo cual conducirá a que cualquier atentado contra él, sea un atentado contra la propia Roma, y por tanto alta traición. Roma ha pasado a un gobierno absoluto, donde el emperador controla todos los aspectos posibles, e incluso empiezan a ser considerados dioses en la tierra, algo que era impensable en época de Augusto. El culto imperial, iniciado a la muerte de Octavio, que se basaba en el culto a la divinización del emperador cuando fallecía, terminó por imponerse como culto al emperador gobernante.

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