Ubi tu Gaius, ego Gaia

Si saliésemos a la calle a preguntar a transeúntes y vecinos qué es para ellos el matrimonio, las respuestas pueden ser diversas; algunos hablarán de compromiso, otros de unión, algunos rehuirán, o no tendrán palabras amables hacia una de las instituciones más antiguas. Pero si estuviéramos en la Antigua Roma, la definición más común sería simple y llanamente “El matrimonio es un contrato entre dos familias”. Ahora bien, no todos los “contratos” eran iguales, significaban lo mismo ni se realizaban de la misma manera, había unos matrimonios que eran más pragmáticos y otros mucho más ritualizados, dependiendo de la familia, el tipo de acuerdo, e, incluso, las repercusiones sociales del propio enlace. Pero antes de hablar de los matrimonios en sí, podemos comentar las condiciones necesarias que debían cumplir los contrayentes si querían casarse.

Fresco de una pareja a los que le gustaba, por lo representado, pensar.

En primer lugar debían ser ciudadanos romanos, no estaba contemplado como matrimonio propiamente dicho la unión de dos personas sin la ciudadanía (esclavo con esclava, ciudadano con extranjera, entre extranjeros…). Cuando un ciudadano romano se enlazaba con una mujer extranjera, a esa unión se le llamaba concubinato y ni la mujer ni los descendientes tenían la protección jurídica del matrimonio. Quizás el Concubinato más famoso de Roma fue el de Marco Antonio y Cleopatra. En segundo lugar debían gozar del permiso del Pater Familias; el cabeza de familia, generalmente el padre, pero en ocasiones podía ser un hermano, un tutor u otro familiar masculino. Como hemos dicho, si el matrimonio es un contrato entre familias, los cabezas de familias deben estar de acuerdo con el enlace, incluso a veces son ellos mismos los que deciden que ese matrimonio se va a realizar. Por último, las condiciones un poco más obvias; ninguna de las dos partes podían estar ya casadas, no podían guardar parentesco incluso cuando fuera por adopción (aunque dependendiendo del poder de una de las familias, se podía hacer la vista gorda…), deberían ser uniones heterosexuales (el matrimonio homosexual es moderno, no así las relaciones entre personas del mismo sexo, que son tan antiguas como el propio ser humano). El hombre divorciado o viudo se podía casar inmediatamente, mientras que la mujer divorciada o viuda debía esperar en principio diez meses (que luego se alargó a doce) ¿por qué? para evitar que el anterior marido haya dejado embarazada a las esposa y el hijo nazca en el seno de la nueva familia. Cosas del honor supongo.

Representación de un rito de matrimonio. Nótese la actitud de la esposa.

Había tres tipos de matrimonios oficiales; Conferratio, Coemptio y Usus. La Conferratio era la forma más ritualizada y sagrada de matrimonio, bastante arcaica, lo cual complicaba el trámite de divorcio, pero no lo imposibilitaba. El enlace se realizaba ante el Flamen Dialis (Sumo sacerdote de Júpiter), el Pontificex Máximo y los familiares, y en ella se comía un pan cocido por la pareja, se recitaban unos textos antiguos y los contrayentes debían ser patricios. Augusto se casó por este fórmula. La Comptio quizás sea la forma que más deja claro qué pensaban los romanos del matrimonio; se simulaba la compraventa de la esposa con el pago de una moneda de plata y otra de bronce al pater familias. Era la más usual y práctica, el marido compraba el poder (Manu) sobre la esposa. Por último, el Usus se basaba en la convivencia de los novios durante un tiempo (un año generalmente), básicamente era institucionalizar lo que ya era una realidad, como habían convivido todo ese tiempo, pues ya se consideraban casados.

Como es tristemente común en la Historia, la mujer tenía poco que decidir, y el matrimonio solo suponía seguir dependiendo de su padre (matrimonios Sine Manu) o pasar a formar parte absoluta de la familia del marido, y esta bajo la sumisión de este (matrimonios Cun Manu). Pese a esta realidad, la mujer era “libre” de pedir el divorcio, según el tipo de matrimonio, administrar sus propias riquezas y recibir herencias, y ser la Domina (Señora) de la casa (recordamos el Rapto de las Sabinas). Sobre la fidelidad… el hombre podía tener relaciones extra matrimoniales siempre que fuesen con prostitutas, esclavas o mujeres sin la ciudadanía romana, en cambio la mujer debía mantener fidelidad a su marido; no hay que olvidar que al fin y al cabo el matrimonio se crea para garantizar que los hijos habidos son del marido.

¿Quiere decir esto que no existieron matrimonios por amor? Claro que lo hubo, y fueron muy comunes sobre todo en entre las clases bajas, cuyas riquezas no aumentaban con los matrimonios. Con la cristianización de Roma, el matrimonio pasó a ser una institución sagrada, el divorcio se limitó a las causas que aún siguen vigentes en el derecho canónico, y lo de la infidelidad masculina se persiguió sin éxito. Sobre la ceremonia y ritos, hablaremos en otro artículo, que no es cuestión de aburrir.

4 Comments

on “Ubi tu Gaius, ego Gaia
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  3. Me parece un texto muy interesante en la medida en que
    nos explica la historia de esa institución -el matrimonio- que sigue figurando en la base de nuestra sociedad y que está regulada por nuestro actual derecho civil.
    De todos modos, en el texto deberíais reemplazar la incorrecta expresión “derecho canónigo” por la correcta: “derecho canónico”.

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