Una diarquía imperial: Marco Aurelio y Lucio Vero

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Hace poco comentábamos cómo había precedentes a los famosos triunviratos; mucho menos formalizados y de duración más corta, pero con objetivos a priori bien definidos y con todos los elementos necesarios. Hoy vamos a hablar de otro precedente que suele pasar desapercibido; la primera diarquía del Imperio Romano. Es común situar en Diocleciano el primer intento de gobierno compartido; estableció una división física del Imperio y un mecanismo sucesorio en ambas partes ideado para perdurar en el tiempo. Pero mucho antes, esta idea de ejercer un poder compartido ya había existido, y a tenor de los resultados, con bastante éxito; se trata del reinado compartido por Marco Aurelio y Lucio Vero. Estos emperadores, hijos adoptivos de Antonino Pio gobernaron conjuntamente entre el 161 y 169, año este último donde Lucio Vero murió, y Marco Aurelio siguió gobernando en solitario.

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Marco Aurelio

Y es que Antonino Pío sucedió al emperador Adriano con la condición de que adoptase y nombrase sucesor a Lucio Vero, que por entonces tenía 7 años, junto con Marco Aurelio unos 9 años mayor que el primero. Ambos hermanos adoptivos recibieron una educación de calidad, muestra de ello es la riquísima herencia literaria que nos ha dejado Marco Aurelio. A la muerte de Antonino Pio es Marco Aurelio quien asciende al trono y rápidamente nombra a Lucio Vero como co-emperador. La acción no sorprendió a nadie, pese a ser una medida heterodoxa, pues suponía la creación de una diarquía, una medida ya anunciada previamente y que se conocía desde hacía tiempo. Seguramente los romanos de la época recordaron que un sistema de poder colegiado era el seguido por la República y que, en cierto sentido, era natural recuperarlo. Además, pese al formalismo de la teoría de que eran iguales, Marco Aurelio era el que tenía la voz cantante, y eso se ajustaba mejor a la tradición romana. No obstante la colaboración era total y muestra de esta confianza era que, pese a ser Marco Aurelio quien llevaba las riendas del gobierno, el ejército – pieza fundamental para tener el poder en Roma – estaba en manos de Lucio Vero, quien además se reveló como un buen comandante. Pero todo no era sintonia, en contraste con la vida austera y rígida que mantenía Marco Aurelio, Lucio Vero era famoso por su afición a las fiestas, a la vida cómoda y a no privarse de lujos. Incluso siguió la moda de espolvorear oro sobre su cabeza para que su peinado brillase. Pese a esta vida tan disipada, Marco Aurelio no podía tener mucha queja, su hermano y co-emperador llevaba con corrección y eficiencia sus cometidos, incluidas sus campañas en Oriente.

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Cómodo representado como Hércules

Sin embargo sucedió que a la vuelta de una campaña en el Danubio, en compañía de Marco Aurelio, Lucio Vero cayó enfermo. Algunas fuentes apuntan a un posible envenenamiento, pero autores actuales achacan su muerte a un contagio de viruela dentro de la plaga de esta enfermedad que hubo en esa época (plaga antonina). Lo cierto es que este primer intento de diarquía funcionó correctamente, e incluso Marco Aurelio intentó renovar esta forma de gobierno en la figura de su propio hijo, el que sería el emperador Cómodo (aquí escribimos sobre él). Es un sistema complicado la diarquía, como comprobaría Diocleciano algo más de un siglo después.

Como apunte final, la diaquía no era un sistema desconocido en el mundo antiguo ni en Roma; Rómulo y Tito Tacio formaron una, y hay autores que sugieren la posibilidad que tras la expulsión de Tarquinio el Soberbio le sustituyera una diarquía formada por Décimo Bruto y Tarquinio Colatino, y tras su expulsión, Publícola, pero eso es harina de otro costal.

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