Vesta y Vestales; de ellas dependía Roma.

Representación de Vesta.

Aprovechando que se acerca la festividad de la Vestalia, dedicada a la diosa Vesta, y enlazando con el artículo sobre la mujer romana, vamos a presentar a Vesta. Posiblemente sea la divinidad femenina más conocida de la antigua Roma, era la protectora del hogar, y, sobre todo, de Roma; en su templo se conservaba el fuego de Vesta, que se decía había sido traído por Eneas desde Troya, y de la que dependía la supervivencia de la propia Roma. Por tanto, más valía que ese fuego no se apagase; se organizó un cuerpo sacerdotal femenino a tiempo completo (sí, en Roma la inmensa mayoría de cargos religiosos solo conllevaba una serie de ritos y ceremonias, mientras que las Vestales, el Flamen Dialis o el Rex Sacrorum debían preservar una serie de normas todo el día), las Vestales, las cuales debían permanecer vírgenes durante su servicio a la diosa, que duraba como mínimo treinta años en recuerdo de la propia Vesta, que había prometido permanecer casta toda su vida.

Vestales junto al fuego sagrado.

Los padres de las Vestales renunciaban a su potestad sobre ellas como condición para que entrasen a formar parte de las vestales, debían ser de buena familia (originalmente patricias) y no tener defectos físicos. Una
vez aceptada – había un número limitado -, se le cortaba los cabellos y vestiría con un velo, y portaban una lámpara encendida. Vivían en la Domus Vestae, junto al foro, y bajo el cuidado del Pontificex Maximus. Eran unas sacerdotisas muy veneradas y queridas en Roma, lo que le conllevaba una serie de privilegios – como el lugar donde sentarse en los espectáculos públicos – o prerrogativas – podían absolver a condenados a muerte -. Transcurridos los treinta años de servicios, las vestales podían abandonar su voto de castidad, casarse y, dicho llanamente, “vivir la vida”, pero solo una minoría optó por este camino, siendo mayoritaria la opción de seguir en el templo manteniendo el celibato. Si se apagaba el fuego sagrado, el Senado se reunía de urgencia para debatir qué había lo provocado (en clave política), se castigaba a la vestal que estuviese de guardia en el momento del apagón y se encendía de nuevo (ya vemos que aun supersticiosos eran pragmáticos). Palabras mayores eran si descubrían que la vestal rompía su voto de castidad; en este gravísimo caso, se condenaba a muerte a la muchacha de forma cruel, o se lapidaban o se las enterraba viva. El motivo de esta crueldad contra una ciudadana romana es doble, por un lado persuadir a otras vestales de intentarlo, y por otro demostrarle a la diosa la repulsa de Roma hacia una vestal que ha roto una promesa sagrada.

Vesta es, en cierta forma, una divinidad propiamente romana, pese a tomar las representaciones de la griega Hestia, la existencia del fuego como símbolo de la salud de Roma, un fuego comunitario que no puede apagarse, nos habla de tradiciones más antiguas que la propia Roma, donde el fuego era comunitario y su importancia para la tribu era máxima. La asimilación de los dioses romanos a los griegos (o viceversa) es producto de helenización de Roma y hay que tomarla con ciertos precauciones. La primera vestal de la que tenemos noticias, aunque sean míticas, es Rhea Silvia, de cuya violación por Marte nacieron Rómula y Remo. Es decir, los propios romanos ya entendían el culto a Vesta anterior a la propia fundación de Roma.

Templo de Vesta en Roma (se aprecia poco en la foto, pero es circular)

Una de las cosas más llamativas del culto a Vesta es la forma de sus templos (o más correctamente aedes pues no albergaba la imagen de la diosa) de forma circular y con techo cónico y con una apertura para dejar salir el humo del fuego. Durante muchos años los arqueólogos e historiadores asociaron los templos circulares al culto de Vesta, pero aunque todos los templos de Vesta son circulares, no todos los templos circulares estaban dedicados a la diosa. ¿Pero cómo? ¿Los templos romanos no eran todos rectangulares, techo a dos aguas, rodeado de columnas y bla bla…? Pues no, porque como ya hemos dicho en La RomaPedia, Roma estaba llena de matices. Vesta protegía Roma, y las Vestales velaban por esa protección, y de ellas dependía el futuro de la República y, luego, el Imperio. Muchos autores ven una relación entre Vesta y una diosa madre, como si los romanos hubiesen desarrollado tanto una faceta de esta diosa primigenia hasta convertirla en una diosa autónoma. Protegía Roma y con ella, los hogares (como correspondía a una buena romana), pero para estos últimos tenía ayuda de los dioses lares… pero esos van en otro artículo mejor.

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