¡Vuela traidor!

En el artículo del Rapto de las Sabinas mencionamos por encima la existencia de la Roca Tarpeya, y algunos nos
habéis pedido que aclarásemos un poco qué era exactamente este lugar. Situada al sur del monte Capitolino, la Roca Tarpeya (Rupes Tarpeia) es un desnivel de varios metros, con vistas al antiguo foro, al que no es aconsejable acercarse si se padece de vértigo o sin las precauciones oportunas. El lugar fue utilizado por los romanos como lugar de ejecuciones para los traidores y los asesinos, los cuales eran lanzados desde la colina, con las manos atadas. Este hecho no evitó que se constuyeran dos de los templos más importantes de Roma, el templo de Júpiter Optimo Máximo (es decir, el Júpiter como rey de los dioses y gran dios) y el templo de Saturno, que hacía las veces de tesoro de Roma.

El lugar estaba bien pensado. No debemos olvidar que una ejecución no es tanto un castigo para el ejecutado (que lo es… y mucho) como un aviso a navegantes de las consecuencias de cometer ciertos delitos. Ejecutar se puede ejecutar de mil formas diferentes, la Historia está tristemente plagada de ejemplos donde la capacidad sádica del ser humano demuestra no tener límites, pero hacerlo de una forma tan a la vista es un mensaje claro y evidente. Imagina que te lancen desde un precipicio, con las manos atadas, mientras una muchedumbre (que son tus vecinos y la mayoría te conoce) te insulta y lanza contra ti todo el odio que son capaces. Además, es posible que tu cuerpo, aplastado contra el suelo por la caída, fuese maltratado por los mismos que antes te abuchearon, y tu cuerpo, o lo que quede de él, arrojado al Tíber sin recibir la debida sepultura. No es un final honorable… ni agradable.

Roma evolucionó sus formas de ejecución, adaptándose a las necesidades y los medios. Con el tiempo, aparecieron otros medios de ejecución que cumplían la misma función principal, mandar un mensaje. Por ejemplo, durante las guerras civiles de principios del siglo I, y sobre todo durante la dictadura de Sila, se tenía la “costumbre” de exhibir las cabezas de los enemigos en picas, puestas en el foro, para que todo el mundo las viese. O castigar a ser devorado por las fieras en el anfiteatro, una práctica muy conocida. Pero los romanos les gustaba ser fieles a las tradiciones, y desde la Roca Tarpeya se siguieron lanzando a los reos.

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